Un trabajo para sanar las relaciones

Cuando la vida nos enfrenta a personas o situaciones que nos confunden, cuando nos encontramos metidos en
hechos con los que no coincidimos, cuando las acciones de allegados no se corresponden con la manera propia de actuar; en esos momentos delicados se mueven estructuras y necesitamos saber dónde estamos parados. Para comenzar con este trabajo de limpieza de energías, tendremos que reconocer que nadie tiene poder sobre nosotros… a menos que nosotros mismos se lo hayamos dado. Cuando detectamos que es esa la situación, que la otra persona se tomó más atribuciones de las que le conciernen, tranquilamente, a solas, visualizándola, la nombramos y le decimos:
“Retiro el poder que tengas sobre mí”.
A continuación nos disponemos a sanar esa relación. Para ello debemos comprender que ante acontecimientos cruciales es sabio soltar, bendecir, amar.
¿Cómo se hace?
Reconociendo que lo más importante para nosotros, somos nosotros mismos. Y que solamente si sentimos en nuestro interior que actuamos bien, conforme a nuestros principios, estaremos en paz.
Una vez que establecimos la pureza de nuestras acciones, cuando reconocemos que no nos tenemos nada que reprochar, decimos que vamos a sanear esa relación.

En estado de quietud, con firmeza y autoridad, imaginamos a aquellos con los que tenemos diferencias y les decimos:

“Suelto ahora los lazos que nos unían. Te suelto para que continúes con tu camino y me quedo en paz”.

“Te bendigo, deseo para tu vida lo mejor. Que Dios en ti te colme de bendiciones”-

El amor es el determinante en toda vida. El mismo amor se manifiesta en ti y en mí. Te envío mi amor y quedo libre”. Que así sea.

M.S.F

Compartimos el camino

En estos tiempos no es fácil conservar la armonía, ni mantenerse centrado. Estamos siendo bombardeados
constantemente por noticias que nos desalientan, o somos víctimas en carne propia de una ola que invade al mundo con el único fin -pareciera- de destruir los valores de ética, de moral, de decencia.
Y decimos pareciera, porque si nos colocamos imaginariamente en una posición elevada, observando todo lo que pasa en el planeta sin el condimento de la emoción, comprenderíamos que hasta los intereses en juego responden a una razón superior.
Son tiempos de cambio, de transformación que encamina a la mentada perfección. Y todo se nos muestra para que optemos o elijamos. Según sea el resultado de nuestras opciones, de manera individual o general como raza humana, mejoraremos de una vez por todas. Son muchos los que todavía no entienden que dañando a otros, el daño lo practican a sí mismos. En la acción está el resultado.
Por eso creemos que no es prudente fijar la atención en tanto hecho doloroso que padecemos a diario. Es más importante continuar llevando adelante la vida sembrando. ¿Qué podríamos sembrar?. Buenas actitudes, nobleza, buenos ejemplos, solidaridad, rectitud de pensamiento, amistad y el dichoso perfeccionamiento que será en definitiva el que logre que nuestra
sociedad (la sociedad mundial) cambie. Que cambie para bien. Para el bien de absolutamente todos los seres humanos.

M.S.F

Gracias por el sol

Llega junio y siento que pronto los días volverán a alargarse de a poco, de a un minuto Y es ese rayito de sol que día a día calentará más el me ayuda a superar inviernos y pálidas. Y pienso que, una vez más, lograré salir adelante. Adelante en qué, me dirás.
Adelante con la vida, digamos. Lo cual no es poco. Pienso que el solo hecho de poder llevar adelante la propia vida, ya es un logro. Con los mil y un obstáculos de todo tipo que tenemos que vencer cada día, cuando nos detenemos un momento y miramos hacia atrás viendo todo lo que superamos; sólo podemos congratularnos y felicitarnos por todo lo que resolvimos. Aunque no hayan sido grandes cosas. No importa la condición social ni el supuesto avance espiritual que se tenga; en época de pruebas como estas que estamos viviendo, a cada uno le toca la suya, la que más le conviene para su crecimiento
personal. Que uno no quisiera tener que pasarlas, que nos gustaría más vivir en un «lecho de rosas» es otra cosa. Parece ser que quienes cuidan de nuestra evolución (tal vez somos nosotros mismos) diagramaron las situaciones que se nos presentan a diario para que, al superarlas, salgamos fortalecidos. Tal vez sí, tal vez no; sólo nos vemos sumergidos en las vivencias y las tratamos de resolver como podemos.
Manuales de ayuda no hay. Solo nosotros mismos y nuestras personales circunstancias. Y lo que aprendimos para resolverlas.
Sea lo que fuera, nunca está de más, me parece, que adoptemos la actitud de «estar en el mundo como si no
fuéramos del mundo.»
O lo que es lo mismo, «estar con los pies en la tierra y los ojos puestos en el cielo.»
Me refiero a que, pase lo que nos pase, por más tremendo que esto sea, no tenemos que perder de vista los valores
primordiales. Siempre, en los momentos más aciagos, apartarnos unos minutos de esa situación y recuperar la visión de quiénes verdaderamente somos. O quienes nos dice nuestro ser interior que somos. Es la única manera de que no nos
engañemos, de que el árbol no nos impida ver el bosque.
De que comprendamos la real ubicación que tenemos en este drama que desempeñamos. Drama que se va a
resolver en conjunto, cuando la mayoría reflexionemos y comprendamos de dónde venimos, quiénes realmente somos, y hasta dónde podríamos llegar, si enfocamos.
Mientras tanto, hasta que eso suceda, permanecemos acá, venciendo pruebas, dando gracias porque las superamos, y mirando al cielo agradeciendo por el Sol.

M.S.F

La buena onda

Utilicemos unos momentos para «cargarnos» de energía y llenarnos de buenas ondas. De paso mejoramos el entorno. Bastan unos pocos minutos. Ahí va: Hacemos varias respiraciones, suaves, profundas, lentas. El aire entra y sale por la nariz sin hacer ruido, nos concentramos en la respiración alejando los pensamientos y relajándonos… relajándonos… relajándonos… Dirigimos la atención al corazón e imaginamos un punto de luz rosada que crece, crece y crece iluminando el pecho. Sentimos una energía amorosa, tibia, que nos invade. Pensamos: Soy una usina de amor. Genero amor que me calma y protege. Este rayo de amor se expande en mí. Recorre todo mi cuerpo, sale por mis poros y se proyecta a mi alrededor. Contagio amor. Irradio amor. Este rayo de energía amorosa que genero me llena de buenos pensamientos, de dicha, de alegría, de buena voluntad. A partir de este momento encuentro las respuestas que me hacen falta, las soluciones a los problemas, me lleno de buena salud. El rayo amoroso que se proyecta por todo mi cuerpo me brinda sensación de felicidad. Siento que todo puede mejorar. Desde mi corazón envío rayos rosados de amor alrededor mío. Expando el rayo amoroso y proyecto amor a mi alrededor. Se iluminan quienes comparten conmigo la vida y el rayo se expande… expande y expande por doquier. Contribuyo a que todo esté bien. Yo me siento bien. Doy gracias.

Reflexión sobre la felicidad

Un día cruzaba la 9 de julio al mediodía bajo los rayos del sol agobiantes, cuando tuve una grata sorpresa: se inundó mi olfato con un dulce aroma a pasto recién cortado. Miré a mi alrededor con un ojo, ya que con el otro miraba el semáforo, y ubiqué de dónde partía el olor: un montículo del césped de los canteros, que había sido podado y perfumaba el aire. Fue tan hermoso disfrutarlo en medio del ruido y los autos, que me sentí gratificada y agradecí mentalmente a las hierbas que me enviaron ese “saludo”. Puedo asegurar que esa fracción de segundo me hizo sentir feliz. Y seguí cruzando la calle interminable, rogando que la luz me permita llegar sana y salva a la vereda de enfrente (si a usted le pasó lo mismo entiende), mientras pensaba en la felicidad. En las cosas que me hacen feliz. Pude contar rápidamente: encontré una, dos, tres, cinco y varias más. Me iba asombrando poco a poco, porque eran cosas muy pequeñas, sencillas, que pasan
desapercibidas generalmente, y que las tiene todo el mundo. Y que no las quiero enumerar porque me di cuenta que lo bueno es que cada uno las encuentre solo y sienta cuánto disfruta al entender la felicidad que le proporcionan.
Una vez leí que la felicidad es algo que no hay que buscar afuera, que está dentro de uno y que hay que saber descubrirla.
Actualmente hay mucha gente que no es feliz. Algunos tienen buenas razones para no serlo y están justificados, otros no tanto. De todas maneras sería interesante que nos preguntáramos si los motivos que nos hacen infelices son valederos, o estamos exagerando. Incluso tendríamos que descubrir si las causas de la infelicidad no son originadas en nosotros, en nuestras actitudes o en nuestros deseos. Y respondernos desde el corazón, con la profundidad que una mirada interior puede darnos, si con más dinero, con más salud, con más trabajo, o con la pareja deseada; seríamos más felices. Puede ser que
usted me diga: si yo tuviera salud, no me haría falta nada más. O: vivo sola hace tantos años, que solamente una pareja me haría feliz. Incluso puede pensar que obteniendo el dinero que le hace falta, encontrará la felicidad. Le contesto que ni aún obteniendo lo que más anhela está garantizado que será feliz. Los sabios aseguran que es feliz el que no desea nada. Quien le dice que la felicidad, mientras vivimos en este mundo con sus imperfecciones, puede ser vislumbrada por tiempos tan cortos… como el mismo instante en que olemos un poco de pasto recién cortado.

M.S.F

Respetarnos

A menudo expresamos desde esta columna que en la sociedad parecieran existir mundos dentro de mundos. En Oriente lo expresaron magistralmente con la imagen del Yin y el Yang: la luz y la oscuridad, lo femenino y lo masculino, lo positivo y lo negativo. Uno compenetrado del otro, dos fuerzas opuestas que se transforman en su contrario y en cada una se halla presente el embrión de su opuesto. Así puede percibirse nuestra sociedad en estos tiempos: la vida y la muerte; ambas presentes a diario y jugando su rol. Estamos los que bregamos por una mejoría en la vida y los que nos asociamos con la muerte y la destrucción. Y está bien usado el plural, porque todos nos encontramos comprendidos, actuando de una u otra manera, constantemente. Y los que nos llenamos la boca hablando de la vida, no dudamos cuando pedimos -sin que se nos mueva un pelo- por la muerte. En un segundo nos transformamos y convertimos en el opuesto. En el Yin del Yang. O en el Yang del Yin. Y en estos mundos dentro de mundos en que nos convertimos, perdemos de vista lo principal. Nos olvidamos de la sacralidad de la vida. Olvidamos que el aire que respiramos es sagrado, que la tierra es sagrada, que el agua es sagrada, que la disposición de los astros en el cielo es sagrada… como es sagrado nuestro cuerpo y cada uno de nosotros. Y esto que conocían perfectamente las culturas antiguas, a nosotros -seres humanos actuales y modernos- se nos ha olvidado. Se nos olvidó el respeto y la conciencia de comprender que con todos nuestros satélites, tecnología, armamentos y avances científicos; al día de hoy somos incapaces de llevarnos bien y trascender nuestras limitaciones. Somos hombres y mujeres del siglo XXI, que vivimos igual que los bárbaros de la antigüedad. Es tan corta la diferencia que separa a una persona honesta de una que no lo es, que en un instante podemos convertirnos en lo que repudiamos. En lugar de asumir los momentos preciosos que estamos viviendo, en lugar de apreciar la oportunidad que tenemos de ordenarnos, establecer las prioridades y asumir desde la grandeza cada una de nuestras actividades; echamos “leña al fuego” y sumamos nuestras
voces a los que apagan los incendios con nafta.
Pero, ¿es tan difícil que nos demos cuenta de que hay una manera de salir de tanto “bajón”? ¿Entender que pasamos por una vida con el único fin de superarnos y ser mejores, y que sólo lo logramos poniéndonos en el lugar del otro, mirando desde sus ojos, dentro de su piel? ¿Es tan difícil comprender que, ricos o pobres, somos todos lo mismo: una vida sagrada que se expresa, y que se expresa como puede, o como la dejan? Que no hay divisiones: todos somos Yin de Yang, o Yang de Yin. Actores interactuando en el escenario de la vida, representando nuestro rol. Todos aprendiendo continuamente unos de los otros, tomando nota de lo que vemos, del resultado de nuestras acciones, o de lo que padecemos. Dicen que de esa manera se templa nuestra alma y se aprenden las valiosas lecciones que necesitamos para evolucionar… Hasta el momento en que comprendemos la inmensa fortuna que tenemos de llevar adelante una vida, que es la manifestación de un Todo poderoso y que no hay nada fuera de El. Todos iguales, todos lo mismo. Y son estos que estamos viviendo los momentos de comprenderlo; para actuar desde nuestra propia, íntima, divinidad. Para empezar por respetarnos unos a otros: gobernantes a gobernados, ciudadanos a ciudadanos; respetarnos y actuar con la convicción que un sistema político, un sistema judicial, están diseñados para servir a los más altos fines de la existencia. Y que a lo desacertado, lo que no nos sirve o está mal, se lo puede corregir y mejorar siempre dentro de la legalidad, la ética y la conducta moral.

M.S.F

Toby también bailó

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Roxana Lemkin es la mamá de Tobías, de 5 años. Él está en prescolar, como la mayoría de los niños de su edad, pero su historia es un poco diferente.

Toby tiene un trastorno madurativo del desarrollo, que está dentro del espectro autista. Su mamá habla muy profesionalmente, como quien se ha vuelto conocedor atravesando montañas.

-A estas afectaciones neuronales se las denomina Trastornos del Espectro Autista, son trastornos que hacen que el proceso neuronal vaya hacia un lugar distinto que el de los demás niños o adultos. A Toby se lo diagnosticó al principio como Trastorno Generalizado del Desarrollo no especificado. Lo que sería un trastorno de las distintas áreas de su cerebro que no se lo puede encasillar dentro del Autismo o Asperger…

-Como te diste cuenta de que Toby era distinto?

-Distinto de lo que espera una mamá? A Toby lo llevábamos a un lugar a jugar juntos, era un niñito muy despierto, muy desarrollado y a partir del año y 8 meses mientras seguimos en este lugar nos dimos cuenta de que hacía cosas totalmente distintas a los demás chicos de su edad. No había adquirido el lenguaje, no decía papá ni mamá, contaba del uno al tres en inglés,sí podía nombrar figuras geométricas y contar números del 1 al 10, inentendible para un chico de esa edad. Él no jugaba, no tenía juego propio, no le interesaban los juguetes, no tenía lo que se llama juego simbólico, luego nos explicaron que esa era una carencia de Toby. A los dos años y medio un día tuvo un ataque de gritos desaforados en el colegio, ya estaba escolarizado, pero no hablaba ni se comunicaba con los chicos, ni miraba directo a los ojos. La pediatra nos recomendaba ir a un fonoaudiólogo. A mí ya no me terminaba de cerrar nada, y le decía que no iba por el desarrollo normal de todos los chicos, (aunque es cierto que no hay que comparar con otros chicos) “pero el resto de los niños hablan jugaban entre ellos pero mi hijo, no”. La pediatra me derivó a una neuróloga, le hicieron una serie de test relacionados con una posibilidad de trastorno madurativo del desarrollo. Ahí aparece el diagnostico.

-Cuando aparece ese diagnóstico, que sentiste?

-Después de tanto… alivio. Imaginate que en un primer momento sentía que era yo la que no podía contactarme como madre… el afuera te dice: “a lo mejor no lo miraste cuando le dabas el pecho”… “es que no jugaste mucho cuando eras chica”…

Es todo muy fuerte. La neuróloga nos pidió que por favor sacáramos el certificado de discapacidad, que era muy importante; no para encasillarlo en una discapacidad, sino porque tenemos leyes nacionales e internacionales que avalan que chicos con este tipo de trastornos o con otras discapacidades puedan practicar todas las terapias, y llegar a un desarrollo mucho más amplio del que se esperaba.

-Tu obra social te cubre todo?

-Sí, todo. Obviamente al principio para hacer los test tuve que discutir porque son muy caros.

-Toby tiene 5 años, va a una escuela común, tiene amiguitos. Como es la vida de ustedes hoy?

-Después del primer diagnóstico cambió totalmente. Hoy dice papá y mamá, hoy abraza, te mira a la cara. Toby juega, a su manera, obviamente está afectada la parte simbólica del juego, su lenguaje y su comunicación con los demás niños, pero él hace todo lo que puede, obviamente cuenta con una maestra integradora para él en la sala y como padres buscamos dentro de las terapias qué hace que él pueda insertarse y desarrollarse lo mejor posible.

Es muy difícil como papás atravesar las trabas para que un nene con este tipo de dificultad, sea completamente aceptado; tanto en la comunidad educativa como por otras persona.  Pero no es porque los padres o la comunidad educativa no quieran aceptarlo, es que la gente no está todavía informada sobre qué es un trastorno del espectro autista, es muy difícil poder mirar a ese chico sin ningún tipo de prejuicio.  Falta mucho aun. Una cosa es que vayan a la escuela y que se los integre, pero otra muy distinta es que se los incluya.

-Cuál es tu expectativa de acá a poquitos años?

-Primero que pueda insertarse en la escolaridad primaria, que creemos que no va a tener problemas porque no está afectada la parte cognitiva; segundo que él pueda tener su grupito de amigos, obviamente no va a ser amigo de todos pero sí que él pueda acceder a tener ese grupo de amigos que siempre se tiene, a su manera, porque su parte social siempre va a esta afectada, que él pueda ser reconocido por sus pares y no mucho más…

-Qué esperas vos de tu sociedad pequeña?

-De la pequeña sociedad que uno configura, espero que los padres puedan aceptarlo y que los padres también ayuden en el proceso de integrarlo, no es a quienes les corresponde ni tienen la responsabilidad pero muchas veces esta bueno esto de “vamos a la plaza juntos”, o al pelotero como vamos con las madres y que él pueda estar con sus amiguitos cosa que le hace muy bien, porque el sale de ahí y a la semana que viene quiere volver porque sabe que están sus amiguitos.

-Tobías actuó en la fiesta de fin de año!

-Tres veces al día durante un mes y medio, lo que duraron los ensayos para la fiesta de fin de año, Toby miraba unos pictogramas que habíamos hecho con el papá y con la terapista ocupacional que consistía en mostrarle el escenario con luces, con gente, a sus amiguitos bailando con él. La música la escuchábamos todos los días, pero la coreografía yo no la conocía, la practicaba él en la escuela con sus amigos. Tres veces por día le iba mostrando estos pictogramas que eran un power point, el objetivo era que entendiera que iba a estar en un lugar con muchas luces, con mucha gente, con mucho ruido y que eso no lo tenía que afectar para poder hacer su coreografía y cuando llego al teatro, le costó un poco; los primeros 10 minutos estaba como perdido…ellos sienten temor de todas las situaciones nuevas, es una característica de estos niños del espectro autista, lo contuvimos, pudo confiar en la situación y lo hizo perfecto. Perfecto para un chico de sala de cuatro!

Esto se pudo hacer porque nosotros confiamos en él, su terapeuta confió en él, la comunidad educativa confió en él. Fue un trabajo arduo, nos llevó muchos días, pero salió bárbaro.

-Y Toby también bailó!

-Toby también bailó…

Cecilia Andrada /Convivir

El lado noble de la vida

Un mundo nuevo se compone de gente con ideas nuevas. Las ideas se van preparando, redondeando, hasta que salen a la luz y otras gentes las concretan.
Gente extraordinaria, pero también gente común, son quienes aportan las semillas de pensamiento que fructificarán en las ideas nuevas. Hay mucha gente a la que no le gusta tener nuevas ideas, porque teme a los cambios. Pero cambiar puede ser a veces la única manera propicia de sobrevivir. O de mejorar. Cuando la realidad cotidiana aparece colmada de frustraciones –léase desaciertos- para la mayoría; cuando el diario vivir no ofrece oportunidades de mejoras y no se vislumbran futuros satisfactorios, los creativos, aquellos que no se quedan quietos ni se dejan vencer, son los triunfadores.
Si preguntamos a un gran número de personas sobre sus deseos de cambiar las pautas viejas para emprender mejores formas de vida, seguramente que la mayoría responderá que sí. Que desea cambiar y no repetir los errores. (Del estado actual de la sociedad participamos todos. Todos aportamos aunque sea un mínimo grano de arena para que la vida esté como está hoy).
Pero aunque respondan que sí, igualmente la mayoría no se atreve –por temor o por desidia- a cambiar.
Para que las pautas de comportamiento, las maneras de gobernar, y las formas de compartir, se dirijan exclusivamente al beneficio de todos; es preciso el compromiso. Comprometerse con el lado noble de la vida. Comenzar a vivir con el convencimiento de que lo que puede afectar a una sola persona, afectará al resto. Que toda la vida está compuesta por un sinnúmero de manifestaciones que se interconectan unos con otros. Que no somos islas y cada actitud o pensamiento, luego de incidir sobre los demás, vuelve al lugar de partida multiplicado. No importa la situación presente, el tiempo se encarga de acomodar y repartir a cada uno lo que le corresponde. Lo urgente y necesario para estos momentos es comprometerse, aportar a la totalidad, compartir y actuar con responsabilidad. Para que haya un futuro y que resulte posible.

M.S.F

Seguir adelante

Cuando tierra y agua se mueven, y se llevan todo: vidas, ilusiones. Cuando la guerra interesada arrasa con justos y
pecadores. Cuando vamos al cuarto oscuro para elegir al menos malo…
A qué nos aferramos? ¿Cómo seguimos adelante? ¿Agradecemos porque a nosotros no nos tocó? ¿Nos comportamos como espectadores?
Estamos pasando a diario por situaciones límite.
Como si nos estuvieran sometiendo a duras pruebas, atravesamos cada día los pequeños horrores cotidianos.
A cada uno le toca de distinta manera, y cada uno hace lo que aprendió, o lo que puede.
¿Es posible tener buenos deseos cuando pareciera que todo
está mal?
¿En épocas de crisis, aportan algo quienes actúan desde
el bien?
Ya en otra de estas columnas decíamos que la realidad es producto de la imaginación, que lo que vivimos es fruto de la unión de los pensamientos.
Y pareciera que en estos días más que nunca estamos soportando el peso de esa realidad que fuimos construyendo. Cuando el bien común desaparece de las miras, para dar lugar a los intereses personales, el resultado es lo que estamos viviendo hoy.
Como ciudadanos comunes, no es poco lo que podemos hacer para impulsar un cambio permanente que nos catapulte hacia una forma de vida más justa y equilibrada.
Llevar a la práctica toda una batería de pequeñas normas de conducta, puede conducirnos a un cambio individual que operará como un “efecto dominó” en positivo.
No es necesario dictar fórmulas o recetas.
Todos conocemos la forma de actuar y comportarnos con miras al bien común.
Únicamente llevando a la práctica las normas elementales de convivencia, podremos construir un país –un mundo- más justo y solidario.

M.S.F

Oremos por el mundo

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Nadie está ajeno a lo que pasa. Es tiempo de preguntarnos cuánto tenemos de responsabilidad en los hechos cotidianos que percibimos ajenos a nosotros.
Una postura optimista ante lo que la vida nos muestra diariamente, favorece y da fuerzas para seguir viviendo. A veces nos llama gente que dice: aspiro a estar mejor, pero, ¿cómo se logra?
Tal vez tendríamos que intentar entender que el caos que percibimos, toda esta destrucción de los valores que apuntalan una sociedad, tiene como fin remover impurezas y que esto es así para que en el futuro la vida sobre la tierra sea bella y ordenada.
Pensar que el tiempo que tarda en promoverse ese orden y esa belleza depende de cada persona que forma parte del mundo. Que nadie está ajeno a lo que pasa. Y que una forma optimista de plantarse ante los hechos, ayuda y precipita ese cambio.
Creer que cada persona deseosa de que la vida mejore, tiene mucho que aportar. Aunque sea una palabra de aliento a quien la necesite, que no es poco.
Si decimos: todo está mal, también es tiempo que pensemos en cuánto contribuimos para que deje de estarlo. Cuál es la parte de culpa que nos corresponde y qué haremos de ahora en adelante para que las cosas cambien. Jocelyn Arellano es escritora e importante ejecutiva, así se expresa:
“El mundo es un reflejo de nuestros pensamientos, ya que éstos crean nuestra realidad.
La negatividad que vemos afuera no es más que la que llevamos por dentro.
Si queremos un mundo mejor necesitamos purificar nuestra manera de pensar.
La oración es la forma de emitir pensamientos positivos más conocida y más antigua que tenemos.
Cada cual lo puede hacer a su manera sin importar dogmas ni credos.
Si queremos un mundo con más amor, éste tiene que salir de nosotros primero.
Al orar expresamos amor. El amor atrae más amor”.

M.S.F