La buena onda

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Utilicemos unos momentos para «cargarnos» de energía y llenarnos de buenas ondas. De paso mejoramos el entorno. Bastan unos pocos minutos. Ahí va: Hacemos varias respiraciones, suaves, profundas, lentas. El aire entra y sale por la nariz sin hacer ruido, nos concentramos en la respiración alejando los pensamientos y relajándonos… relajándonos… relajándonos… Dirigimos la atención al corazón e imaginamos un punto de luz rosada que crece, crece y crece iluminando el pecho. Sentimos una energía amorosa, tibia, que nos invade. Pensamos: Soy una usina de amor. Genero amor que me calma y protege. Este rayo de amor se expande en mí. Recorre todo mi cuerpo, sale por mis poros y se proyecta a mi alrededor. Contagio amor. Irradio amor. Este rayo de energía amorosa que genero me llena de buenos pensamientos, de dicha, de alegría, de buena voluntad. A partir de este momento encuentro las respuestas que me hacen falta, las soluciones a los problemas, me lleno de buena salud. El rayo amoroso que se proyecta por todo mi cuerpo me brinda sensación de felicidad. Siento que todo puede mejorar. Desde mi corazón envío rayos rosados de amor alrededor mío. Expando el rayo amoroso y proyecto amor a mi alrededor. Se iluminan quienes comparten conmigo la vida y el rayo se expande… expande y expande por doquier. Contribuyo a que todo esté bien. Yo me siento bien. Doy gracias.

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