Mi perro no es una mascota

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En un correo de lectores de un diario argentino, un señor escribió pidiendo a las autoridades que cobrara impuestos altos a los perros, porque son artículos suntuarios y eran muy molestos por sus ladridos y las deposiciones que ensucian las veredas etc… Pobre señor, se nota que jamás tuvo ningún animal a su cargo, nunca compartió juegos con su perro, nunca lo despertó la naricita fría de su gato. Jamás se levantó de madrugada para acompañar a su amigo que lloriqueaba por algún dolor. Un perro o un gato no es un artículo sino una parte de la familia, un afecto, un motivo de vida para muchos que están solos. ¿Cómo puede haber individuos que todavía no comprenden esta unión, este lazo afectivo tan fuerte? Tomo prestado un pedacito de El Principito de Antoine de SaintExupéry, ese libro tan importante para leer y releer en voz alta para nuestros hijos o nietos, que tantas enseñanzas trae. “¿Que significa domesticar? Preguntó el principito. Significa crear lazos. Para mí eres todavía un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. Pero si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí, único en el mundo. Seré para ti, único en el mundo. Si me domesticas mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente a todos y me hará salir de la madriguera, como una música.

Solo se conocen las cosas que se domestican -dijo el zorro- Si quieres un amigo, domestícame. Y el principito lo domesticó y el zorro a él. Y también tenía domesticada a una rosa. Sin saberlo. Era su rosa, diferente a miles de otras rosas. Si bien a un transeunte le parecería igual a las demás, para el principito era la única. Porque fue a la que regó de chiquita, la que protegió en un globo, a la que le sacó las orugas. Por eso era su rosa, y para la rosa el principito era su amigo. Entonces fue cuando el zorro le dijo su gran secreto. Es muy simple: no se ve bien, sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.” Esta última frase es lo más trascendente de este libro, resume todo su contenido y el zorro, que es el personaje principal de este libro, es quién nos enseña, el que nos muestra la realidad. Nosotros en nuestras casas tenemos a alguien que nos espera, que se alegra cuando llegamos, que juega con nosotros, que nos reconoce entre miles de personas, al igual que nosotros lo reconocemos entre miles de animales. Es nuestro amigo, nuestro compañero (pongan una a si es femenino). Es nuestro perro, nuestro gato, nuestro hamster, nuestro caballo… Es por eso que cuando se nos enferma nos preocupamos, nos angustiamos, le dedicamos tiempo para darle los remedios, para cuidarlo, para llevarlo a su veterinario. Si fuera un objeto, lo cambiaríamos por otro que no esté enfermo. No puedo creer que todavía haya personas que piensen así, que sean tan desamorados, que no tengan sentimientos. «Doc, le entrego a mi hijo» – me dicen cuando vamos a operar a alguno. Es por eso que me entristezco junto con sus dueños, cuando la cosa va mal y me alegro mucho cuando va bien. Si el dueño se muere el perro se muere de tristeza. Tengo muchas fotos de perros durmiendo tristes sobre la tumba de sus dueños. Por eso no me gusta usar la palabra «mascota». No son ni mascotas ni artículos suntuarios, son amigos, son compañeros, son los dueños de nuestra vida.

Salud y alegría. Hasta la próxima.

M.V. Jorge Muñoz

Médico veterinario homeópata

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