Sin clientes, no hay mieles truchas

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 Había una vez un señor que llamó nuestro periódico queriendo anunciar sus mieles para fraccionar en las dietéticas o directamente para que, quien quisiera, le pusiese su propia marca; cosa importante, ya vimos el caso de “miel Gibson” en chile… La pregunta que le hice al caballero fue de rigor: “El establecimiento tiene todas las aprobaciones?”. La respuesta… bueno, la respuesta fue poco satisfactoria: “A vos que te importa, yo hace mucho que trabajo, y a vos solo te pregunté por publicidad…”. Sumemos algún otro improperio que me resultó sorprendente viniendo de alguien que vende miel… ¿O no sería “miel”?

¿Que hice? Bueno, consulté a quienes sí trabajan con mieles y alimentos, resulta que la miel requiere de muchos cuidados al tratarse de un alimento de origen animal.

“–La miel es un producto que entra en las góndolas de muchas dietéticas, y yo he tenido discusiones desde lo cotidiano y doméstico con mi mamá, comprando una miel marca “ACME” (marca de los dibujos animados)- Nos cuenta Gabriela Buffagni, Lic. en Nutrición y especialista en calidad industrial de los alimentos – Es un alimento animal, mal que les pese, tiene SENASA. La miel es una de las más estudiadas. Está reglamentada por el por el tema del botulismo, y los menores de un año no la pueden consumir.  

Está contemplada dentro de lo que es la legislación alimentaria. El consumidor tiene que saber y elegir un alimento seguro y aprobado.  Se dice siempre: sin clientes no hay trata, bueno, sin clientes no hay mieles truchas. 

Pero el mercado no demanda, no tiene cultura de leer etiquetas y después los problemas los tienen de arriba abajo, empezando por el que difunde la información”. 

La miel es un noble alimento, y muchas empresas suben la vara en los estándares de calidad obteniendo sellos y certificaciones que abalan el producto. 

“–La miel es algo que se puede truchar muy fácilmente, porque la pueden fraccionar dentro su casa con una canilla, con una cuchara –dice Jazmín Barone, de Miel Ceta–  La venden por miel y no es miel. Está adulterada. Nosotros tenemos la planta certificada por las normas ISO 9001 y HACCP, tenemos la certificación kosher, certificación orgánica, el número de RNPA por cada producto y el número de RNE, que es para un establecimiento que está habilitado para fraccionar mieles y mermeladas. Es mucho el esfuerzo, pero el producto debe tener calidad”. 

Por su parte, el productor German Díaz Artola de Del Quilpo, miel de abejas contentas, en la provincia de Córdoba, nos cuenta que su establecimiento cumple con todas las normas (RNE y RNPA). “–Nosotros vendemos miel, y no solamente con nuestra marca.  La misma miel que nosotros envasamos y producimos, la vendemos en tambores de 300kg, son tambores para el almacenamiento de miel, son especiales para mantenerla en condiciones, que eviten -entre otras cosas- que se produzca hidroximetilfurfural que es una descomposición de los azúcares. Después los demás envases en los cuales uno puede decidir fraccionar la miel, (eso lo decide uno), son cuestiones comerciales, lo importante es tener el RNE y el RNPA. El resto cada uno decide en qué envasar, la manipulación de alimentos, es un tema muy delicado. Argentina es el tercer país productor mundial de miel, hoy más del 90% se está exportando, de un promedio de más de 70 millones de toneladas anuales. Suponte que queda un 10% para el consumo interno, de ese 10% sólo un 2% no se adultera, es miel pura. Del apicultor que la elabora y la produce con el tambor oficial para almacenar la miel que extrajo después de la cosecha, se va envasando a medida que los clientes van requiriendo ¿Qué ocurre? Va a haber diferencias de precios si esa miel está adulterada, por más que tenga etiqueta que tenga RNE y RNPA. Es lamentable lo que se sucede porque la gran mayoría de mieles que están en la góndola con etiqueta se vende con adulteraciones y esto es una realidad. Yo creo que el punto es primero crear conciencia a partir de que queremos convivir en un mundo más sano, en el que nos mientan lo menos posible”.

Y colorín colorado… ya vimos que, para no ser víctimas de engaños, nuestra mejor herramienta es “saber” y para saber hay que leer. Leé las etiquetas, evalúa el costo/ beneficio de lo que consumimos. No compres si no tienen números de registro, sellos, fechas de vencimiento. Recordá, la miel es un producto que, por sus características, el precio sí se relaciona con la calidad. Cuídate, sin clientes no hay mieles adulteradas.

Cecilia Andrada 
CONVIVIR

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