Vínculos

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Hace un tiempo decidí participar activa y conscientemente de los vínculos que formo, desde mi perfecta imperfección, integrando la ley de la polaridad, co-creando.

Me propuse construir sin suponer, sin juzgar, tomándome el tiempo que percibo necesario para hablar, actuar e intervenir. Escuchar al otro y también a modo de ley, consultar lo que me inquiete y compartir lo que siento. 

Surgió porque sé que puedo reaccionar de infinitas maneras según me sienta, y a la vez, aunque me agrade que mis emociones no juzgadas -al menos por mí- fluyan libremente, sé que no estamos solos y que nuestra forma de actuar incide en el entorno. Por eso, con la intención de construir me miro, y miro lo que ocurre alrededor también.

Hace un tiempo que considero el lugar del observador, que es aquel que toma distancia de la emocionalidad “desbordada” que puede surgir de hechos y vivencias, para contemplar pacíficamente, sin juicio, lo que está sucediendo sin limitarse a sus creencias, costumbres, herencias y sin generar emociones que perturben, sino más bien con el objetivo de aceptar qué propone la vida (o la situación, el hecho, el “meollo”) en ese momento y en ese lugar, con lo que uno es, siente y quiere.

Hoy estamos en un mundo donde se hacen escuchar muchas de las cosas que antes eran tabú: géneros, responsabilidades afectivas, respeto por lo que somos y lo que nos rodea, cuidado personal, etcétera; ¡esto está dispuesto! Me parece un gran momento para cambiar y jugar el juego, apostando a la felicidad.

Mi experimento me lleva a interactuar con el otro buscando ser sincera, clara, valiente, respetuosa, paciente, porque la vida de todos tiene infinitos matices, que se entremezclan con quienes más nos vinculamos, creando nuestra realidad.

¿Dónde elijo ser? ¿Dónde me siento activa, liviana, tranquila, dónde respeto al otro como me respeto a mí? Surge adentro, ¿respeto lo que me gusta? ¿Y lo que me duele, lo respeto?

Muchas veces no callo lo que me pasa y lo que creo. Además, elijo estar atenta a cómo lo expreso y así encontrarme con el otro. De nuestras diferencias quizá podemos nutrirnos, aprender, mejorar, expandir mente y corazón.

Así que, en primera instancia, pensemos bien del otro, que también trae su mochila, que también quiere ser feliz, y que puede ‘chiflarse’ o sensibilizarse igual que nosotros, aunque sea en temas increíblemente diferentes a los nuestros. En segunda instancia, busquemos comunicar, podemos elegir palabras amorosas, aunque sean temas incómodos o aunque no sepamos ni cómo decir lo que nos pasa. Porque a veces se trata de no agarrarnos tan fuerte de las definiciones o conceptos (¿hechos por quién, validados por quién?), darnos chance a crear mientras vamos siendo, probar para ver que esas buenas intenciones se sienten bien, y nos pueden llevar a nuevos, mágicos y mejores lugares. 

Darnos la mano, celebrar lo que SÍ está. 

Vos sos otro yo, y sospecho que, si quiero lo mejor para mí, también lo quiero para vos, el efecto dominó nos llevará a los dos a vivir con todo lo dispuesto y entonces…, también con felicidad?

Les regalo, les deseo diálogo y un corazón abierto en estas fiestas.

Marina Ardenghi

Health Coach y Lic. en Química

*Asistencia personalizada, talleres, charlas. Podés realizar tus consultas en:  

marinaardenghi@gmail.com

+54 9 298 431-3869  |   @marina_inhc

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