TGD y el cambio de paradigma en alimentación

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Esta es mi historia y la de mi hijo Federico, pero también representa la lucha de muchas madres.  Federico era un niño con expresión de dolor en la mirada y con ojeras. Su cara traslucía su mundo interior. Su piel presentaba pequeños granitos y estaba enrojecida en algunas zonas. Siendo muy pequeño comenzó a tomar leche de fórmula, su pediatra consideró que Federico se quedaba con hambre.

La primera ingesta de esta leche la vomitó inmediatamente, no lo asociamos con que el lácteo podría generar intolerancia en su sistema digestivo.  El cuadro empeoró con gases, cólicos, y dolores de estómago permanentes. 

Hacia el año de vida, Federico había adquirido ciertas palabras como: mamá, papá, agua. Comía solo, tenía juego simbólico, era un niño con un desarrollo neurotípico, con lo estipulado para su edad.  Pero a los 18 meses de vida comenzó a perder todas estas facultades que había adquirido y dejó de reconocernos. Solo éramos los que le traíamos el agua por si tenía sed, pues él no la pedía. En verdad, ya no pedía nada, ni siquiera nos llamaba.

Comenzó a apilar juguetes, a hacer filas interminables de autitos o dinosaurios, y no nos hablaba. Comía lo que comen todos los niños. Para ese momento, Federico saltaba de broncoespasmo en bronquiolitis, falso crup y todas las enfermedades respiratorias conocidas cada quince días. Tomaba antibióticos, corticoides, preventivos, y otros fármacos desde los seis meses de vida. Sus intestinos colapsaban.

A los tres años aproximadamente le diagnosticaron TGD ne (trastorno generalizado del desarrollo no especificado). Esto fue una cachetada. Era un niño no verbal, no se relacionaba con otros niños, siempre jugaba solo.

Teníamos que ponernos en acción. Por orden de la pediatra, lo desparasitamos. En su materia fecal salieron una cantidad de Oxiuros inimaginable.

Luego de este episodio, Federico comenzó a incorporar palabras que le enseñábamos con su papá a partir de actividades, hasta que comenzara con sus terapias. 

A los cinco años tuvimos que cambiarlo de escuela, ya que la hiperactividad de Fede creció bastante y la empatía del colegio bajó radicalmente. En la nueva Institución, con una nueva acompañante terapéutica, día tras día se nos informaba acerca del mal comportamiento. Había que volver a accionar!

Leí mucho acerca de la dieta biomédica, sin gluten, sin lácteos, sin azúcar, sin conservantes, sin colorantes y ese era el próximo paso a seguir.  Comencé a tratar de incorporarla de a poco, hice cursos, estudié cada protocolo utilizado para el tratamiento del autismo, protocolo GAPS, Nemechek, dieta Paleo, etc. Quería entender en profundidad el efecto que los alimentos tenían en él. Todo lo probé primero en mí. 

Un día la psicopedagoga que lo coordinaba sugirió que lo medicara y esa fue la gota que colmó el vaso. Llegué a mi casa y tiré literalmente todos los alimentos que contenían azúcares, colorantes, productos industriales y comencé a elaborar yo misma su comida. Si bien no retiré el gluten del todo, comencé a hacer reemplazos con harinas sin gluten e introduje probióticos comerciales y naturales en su alimentación. Reemplacé con kéfir de leche elaborado en casa, el queso untable, luego reemplacé la leche de vaca por la de cabra (menos caseína), pero se veían aun señales de intolerancia, opté por el queso vegetal elaborado a partir de semillas. Los probióticos comerciales y el cambio de alimentación generaron en él un die off muy grande, acompañado de muchos cólicos y más hiperactividad. Dejé de trabajar en relación de dependencia para dedicarme de lleno al seguimiento de su dieta. 

El 1 de noviembre de 2017 comenzamos a ver una Lic. en nutrición que nos acompañó a dar los primeros pasos para hacer el protocolo biomédico. Tomé cursos para elaborar sus nuevos alimentos, fuí a congresos sobre autismo y nutrición y comencé a hacer mi formación como Asesora en dietética y Nutrición natural (en IATENA Instituto Argentino de Terapias Naturales). Necesitaba tener los conocimientos suficientes para responder a cada persona que me decía que a mi hijo le iban a faltar nutrientes, con una alimentación tan “deficiente” como la que llevaba.

Al comenzar con la nueva alimentación hubo más die off, sudoración nocturna, diarrea, dolores de cabeza, abstinencia, etc. 

A los tres meses de comenzar la dieta, pasada ya la primera tormenta, se empezó a ver un Federico diferente, comenzaron a aparecer sus primeras oraciones, no solo eran palabras sueltas, su hiperactividad había bajado mucho para este momento, sus problemas respiratorios desaparecieron, su piel empezó a cambiar, hasta sus facciones se suavizaron.

La expresión de dolor en su cara empezó a disminuir, sus cólicos y gases desaparecieron. Cuando comenzó el colegio al siguiente año, ya era otro niño, ningún docente lo podía creer. 

Era el momento de comenzar a hacer más cambios. Usé jengibre, vitamina C, plata coloidal, equinácea para reforzar su sistema inmunológico, magnesio para su SNC, cúrcuma para desinflamar, diente de león y cardo mariano para proteger su hígado, indicados por inmunólogos y médicos homeopáticos. Los probióticos naturales los uso a menudo y son de mucha ayuda para su sistema inmunológico. 

Cambiamos el agua que bebía y con la que se bañaba por agua filtrada y obtuvimos más cambios a nivel cognitivo. 

Regalamos el microondas, apagamos la red WIFI al momento de irnos a dormir, cuidamos que ningún pesticida o insecticida se rocié cerca de él. Cambiamos sus productos de higiene personal por productos sin parabenos, petrolatos, sin aluminio, ni flúor, etc.

Hoy Federico es un niño feliz, con conciencia alimenticia, sabe qué puede y qué no debe comer, conoce su organismo, sabe qué alimentos le producen una reacción negativa en su cuerpo y los rechaza, tiene calidad de vida por sobre todas las cosas. Su diagnóstico cambio de TGD ne a Autismo de alto rendimiento (que es un autismo más funcional) en el año 2018, a meses de comenzar su cambio alimenticio. 

Hace muy poco recibimos un nuevo diagnóstico, donde se midió con un test ADOS (test con el cual se diagnostica el grado o nivel de autismo en Argentina) y su resultado dio parámetros de estar en el límite de no tener autismo y tener un grado muy bajo del mismo. Nosotros, sus padres, sabemos que revertimos el cuadro de autismo en Federico en un 80%. 

Nos quedan tareas por hacer, como limpiar su organismo de metales pesados, pero eso es una tarea titánica que vamos a seguir haciendo desde la alimentación. 

Logramos calidad de vida para nuestro hijo, que ahora puede relacionarse con sus pares, vivir una vida plena como cualquier otro niño y disfrutar. 

Además de sus terapias, está haciendo natación, algo impensado para nosotros porque su hiperactividad no lo dejaba sostener ninguna actividad. 

Y yo me dedico a ayudar a muchas familias desde mi instagram @amo_nutrir_te brindando recetas y tips sobre alimentación saludable, dedicándome a concientizar sobre el autismo y el beneficio que desde la alimentación podemos aportar. 

Espero que mi experiencia motive a todos los padres, tanto si sus hijos tienen diagnóstico de autismo como si no, para entender que el futuro de las próximas generaciones depende de la buena alimentación que les ofrezcamos. 

Hoy los números del autismo están, según el CDC, en 1 cada 58 niños. Para el año 2025 se estima en las estadísticas del CDC serán de 1 cada 2 niños!!

Todavía podemos hacer algo para modificarlo             

Cynthia Intile
Mamá de Federico y dos bellezas más 
@amo_nutrir_te

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