Somos el medioambiente

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Soy mi medio ambiente habitándome. Si no lo veo, no soy consciente de esto y no me cuido. Si no sé cuidarme a mí mismo, no sé cómo cuidar el medioambiente de todos. Nuestra conciencia habita nuestro cuerpo como vehículo, es el hogar de nuestra conciencia, su hábitat. Si no entablamos una relación con nuestro hábitat interior, es muy difícil poder reconocer el hábitat que nos rodea, nuestro barrio, pueblo, ciudad, país, planeta en su totalidad donde cohabitamos.

Somos nuestro entorno y la experiencia está vinculada al nivel de conciencia adquirida. La falta de conciencia, hace que nuestra mente ajuste la percepción y los sentidos a las necesidades y deseos más íntimos, llevándonos a vivir una pseudorealidad paralela. Esta especie de virtualidad enajenada de la realidad, se vuelve nuestro lugar de confort, viviendo en una fantasía, sin conexión con lo real en nosotros mismos o con nuestro entorno. Esto sólo puede evitarse con una conciencia holística o ecológica.

También nuestro sistema inmunológico se fortalece por la interacción con el entorno, el feedback y la retroalimentación integral que se produce entre el Ser y el medioambiente, nos prepara para la vida fortaleciendo nuestras defensas. Si nos aislamos del entorno natural por mucho tiempo, al volver, podremos ser atacados por el mismo entorno sin tener las defensas suficientes como para decodificarlo o defendernos del mismo, ya que al aislarnos se debilitaron. Esta defensa inmunológica es parte del equilibrio natural de nuestra existencia, si nos enajenamos del entorno o contaminamos al mismo este equilibrio se rompe y enfermamos. 

No solo cuando nos atacan nos debilitamos y enfermamos, también cuando nuestro entorno sufre ataques, contaminación química serial por fumigaciones o explosiones de exploración y explotación de suelos y minas o en un incendio desbastador donde el intercambio biomolecular de la fauna y la flora con el medio ambiente se interrumpe o se transforma drásticamente. Estos dramáticos sucesos traerán un tsunami de consecuencias imprevisibles que pueden generar a corto, mediano y largo plazo cambios desbastadores para el entorno y todas sus partes que conviven.

Somos el entorno, somos nuestro medioambiente, somos parte viva de él. Si no lo comprendemos en esta Era Trans-industrial que estamos transitando, tanto lo humano esencial, como Gaia trascenderán hacia la “Machine Intelligence”. El mundo tecnológico nos habrá absorbido. La pérdida de humanidad nos enajena del medioambiente y nos vela la capacidad de comprenderlo. “El hombre ya no es capaz de dominar al mundo que ha creado: lo supera en poder y tiende a emanciparse”. Martin Buber.

Pero no todo es pesar y crujir de dientes, hoy estamos asistiendo a un fenómeno maravilloso y conmovedor, en medio del caos aparente del mundo y sus sociedades llenas de sufrimiento y desesperación, asistimos al nacimiento de un nuevo estado de conciencia humana. Esta conciencia nueva nos abre perspectivas de profundo significado para el futuro del hombre y su entorno. Esta nueva conciencia en las nuevas generaciones despierta un nuevo Ser, una nueva sensibilidad, que muestra empatía por todos los seres vivos, su entorno y el espacio desconocido que nos rodea más allá del sistema solar.

Detectar el rasgo específico que caracteriza al hombre como ser humano no es una cuestión de interés puramente especulativo sino una necesidad y una urgencia práctica, que hace a la supervivencia del ser y su rol en esta existencia planetaria. De qué le valdría al hombre conquistar la tierra si pierde su condición de ser humano. El transhumanismo no es una moda tecnológica, es desarraigar al hombre de la naturaleza para convertirlo en “Machine”.

En la alternativa de dejar de ser hombres para ser trashúmanos (ciborg) o de ingresar al futuro con una nueva conciencia más integradora, no podemos delegar nuestra responsabilidad en nadie.   No es cuestión de pensar que los expertos, o los hombres de ciencia, o las Naciones Unidas, o los gobiernos, o los partidos políticos, al final arreglarán las cosas.   No, frente a nuestro destino trascendente como seres humanos nuestra responsabilidad es íntima e indelegable.   

El futuro se debate entre aislarnos de los otros y el entorno enajenándonos o volver al origen en armonía y equilibrio con el medioambiente y nuestra naturaleza humana. Buscar una Realidad Aumentada puede ser placentero e interesante para explorar nuevos horizontes tecnológicos, pero el Hombre Aumentado puede hacer realidad nuestras peores pesadillas como en “Frankenstein Desencadenado” .

 Ignacio Conde
iconde@fyn5.com

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