Revoluciones de Marzo

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Escuela, cursos, gimnasio y cambios de horario… Revisiones médicas… Inscripciones, compra de útiles…

Se acaba el descanso sabático y marzo se transforma en un mes de esfuerzo, decisiones y renovaciones.

Por qué Marzo? Qué nos lleva a la hiperactividad que comienza este mes?

En Marzo todos “arrancamos”. Intentamos aprovechar la energía al máximo para alcanzar nuestros planes (de la lista del “feliz 2020”) y éste parece ser el mes para comenzarlo todo, concretar proyectos y poner en práctica el resto de los pendientes. Y por qué Marzo?. Será que durante el medioevo el año empezaba en Marzo?! Sí, la Iglesia Católica marcó el inicio del año el 25 de marzo (día de la anunciación del arcángel Gabriel a María) y algunos países hasta el año 1752 no cambiaron el calendario.

Más allá de lo histórico, en este mes vamos pedaleando más rápido de lo que nos dan las piernas y aceptando las reglas del juego impuestas: el tiempo es dinero, no pierdas el tiempo.

Empieza la carrera para acumular experiencias a toda velocidad. No sólo deseamos mejorar nuestra performance en el trabajo, sino también hacer cursos, ejercitarnos en el gimnasio, leer todos los libros de la lista de los más vendidos, salir con amigos, ir al cine, comprar cosas de moda, tener una satisfactoria vida sexual… Y esto no está sujeto a crítica. Es un lindo ideal. Sin embargo, el resultado es una desconexión entre lo que queremos de la vida y lo que, de una manera realista, podemos tener, lo cual alimenta la sensación de que nunca hay tiempo suficiente. Y así terminamos en una utopía absorbida por el enojo, la frustración, el estrés y la ansiedad.

Nuestra obsesión por hacer más en cada vez menos tiempo, llega demasiado lejos. Nos sobrepasamos.

Sabemos que hay cosas no pueden o no deberían acelerarse, que requieren tiempo, que necesitan hacerse lentamente, que necesitan un “tiempo de cocción”, de maduración, apreciación y disfrute. Cuanto más rápido hacemos, más superficial es el resultado (por ejemplo el “sanguche” que te comés mirando la tele sin saber qué comés ni con quién) y así perdemos todo contacto con el mundo real, el que nos rodea, además de no apreciar lo que hacemos, ni la compañía física de un otro.

Cuando no podemos desacelerar, hay un precio que pagar: consultorios llenos de gente con dolencias producidas por el estrés de los “comienzos”: insomnio, jaquecas, hipertensión, contracturas y problemas gastrointestinales, por mencionar algunos. Al revés de lo que creemos, el agotamiento y el cansancio está presente como un síntoma que nos es posible reconocer, pero al que no escuchamos. Nuestra carrera diaria contra el reloj y la acumulación de más tareas de las que podemos hacer, para poder tener. Somos esclavos de los horarios y del consumo, de los pagos y de lo que se espera de nosotros, y eso equivale simplemente a sobrevivir pero no a vivir consciente y responsablemente. Restamos importancia al aquí y ahora, a tomar las cosas con la lentitud que merece disfrutarlas en el momento presente.

Milán Kundera en su novela La lentitud (1996) escribe: “Cuando las cosas suceden con tal rapidez, nadie puede estar seguro de nada, de nada en absoluto, ni siquiera de sí mismo. Todas las cosas que nos unen y hacen que la vida merezca la pena de ser vivida — la comunidad, la familia, la amistad— medran en lo único de lo que siempre andamos cortos: el tiempo.” Ser absorbidos por la velocidad de nuestro día a día y convertirnos en parte del caos, implica que no estamos reparando en nosotros mismos.

Aprender a vernos tranquilos y con claridad empieza a ser uno de los desafíos para vivir mejor en la cultura de hoy. Identificar nuestras prioridades. Bajar los ritmos. Reconocernos por dentro y por fuera.

Distinguir los mandatos sociales de los propios. Trabajar nuestras pausas. Este un esquema que necesita aceptación y un tiempo de transformación personal, y es tal nuestra ansiedad, que hasta la lentitud la queremos en el acto.

Intentemos respirar y preguntarnos qué podemos hacer para no quedar absorbidos por la insatisfacción y la velocidad que definen nuestro tiempo. Sería vital recuperar la calma para poder saborear la vida.

 

Andrea Busceme 
Periodista y psicoterapeuta gestáltica & holística
@mensajesenelcuerpo
mensajesenelcuerpo@gmail.com

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