Respirar es estar presente

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Desde tiempos remotos, los cuatro elementos (aire, fuego, agua y tierra) han sido considerados como las grandes energías creadoras del cosmos, la naturaleza y hasta de nosotros mismos. El aire como el elemento de pensamiento, inteligencia, creatividad y elocuencia, llamado “vayu” en sánscrito, ocupa el segundo lugar ya que se desarrolla a partir del éter. Este elemento representa la capacidad de movimiento o energía cinética. Es móvil, fresco, ligero, seco, áspero, sutil, fluido, fuerte, claro y duro. En la naturaleza, los antiguos rishis – dentro de la cultura hindú, los “rishis”, en sánscrito, significan sabios, sabias o santos- Ellos y ellas describieron el aire en cinco formas de acuerdo a la dirección de su movimiento: hacia adentro, hacia afuera, hacia arriba, hacia abajo y aquel que equilibra y estabiliza estos movimientos, la fuerza que hala hacia el centro. Estos cinco tipos de movimientos son llamados los cinco pranas y se expresa en el cuerpo en forma de vida, es una fuerza que permite a la sangre circular, da aliento para el movimiento, para la activación de los impulsos nerviosos, los pensamientos que fluyen y las articulaciones que nos impulsan a andar. 

Respirar el aire es estar presente. Cuando la respiración no fluye y es superficial, perdemos el sentido de nuestra presencia. Puede suceder que el cuerpo se mecanice porque los movimientos no son conscientes, y es allí donde perdemos espontaneidad, algo impide que la suavidad se haga cuerpo. La posibilidad de llevar la atención a la respiración abdominal es un valioso recurso para atenuar las preocupaciones. Buscar liberar espacio para que ingrese más aire. Mediante el contacto con la idea de liberación y luego con la experiencia de realizarlo mediante la respiración consciente, es un modo de enraizar en el presente, se economiza energía mental y se intensifica nuestro contacto con las sensaciones más que con los pensamientos.

Existe un potencial dentro y fuera de nosotros que circula, solo hay que darle cauce y hacer contacto. Sin embargo, para que esto suceda, debemos activar algún espacio interno para hacerlo consciente y uno de esos espacios es el registro de la propia presencia. Percibir la presencia conecta con la sensación de estar en el mundo, de advertir el existir. Comúnmente sucede que vivimos por fuera de nuestra presencia, quedamos atrapados, atrapadas, a causa de influencias que toman posesión de nuestros actos y, sin darnos cuenta, salimos de nuestro centro por obra de la mente. La respiración es una de las mejores aliadas para tomar conciencia plena de ese instante. Puede suceder que, al inhalar, la mente quede capturada por interpretaciones que nos trasladen a otro universo, el que nos defiende de posibles amenazas, el que nos intenta “preservar”. El cuerpo en lugar de abrirse y respirar libre y relajadamente, se cierra “cuidándose” de posibles “depredadores”. En ese momento, el registro del instante puede dar lugar al discernimiento, al poder personal para reconocer ciertos mecanismos, reacciones ante lo que Eckhart Tolle denomina “los cuerpos del dolor”: todo aquello que se filtra cuando conectamos con el afuera. Son emociones y pensamientos, producto de una historia determinada que se tornan en relatos y nos alejan del aquí y ahora. En verdad, en lugar de hacer foco en el instante de la respiración para hacer próxima nuestra presencia, se dispersa toda posibilidad de conectar con el momento y hacerse presente. 

Hoy, más que nunca, revaloricemos el aire, siempre es y fue un elemento muy venerado para la vida.

Alejandra Brener 
Terapeuta corporal bioenergetista

alejandrabrener@gmail.com
/Alejandra Brener Bioenergética
@espacioatierra

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