Cualidades originarias

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La serenidad, la paz interior son nuestras cualidades originarias, las que advertimos en nuestro primer hábitat uterino. Sin embargo, al desprendernos de ese entorno primario, los gruesos lazos que nos han unido durante nueve meses afectan esas cualidades originarias. Una nueva atmósfera, en un principio hostil, impacta, y aquel maravilloso estado se transforma en un caos necesario para adaptarse al nuevo entorno. ¿Cómo recuperar algo parecido a esa calma primera? Hay muchas alternativas posibles, una de ellas es circunvalar sus peculiaridades o rasgos. La calma no es gobernable, es decir, no obedece órdenes, ni es sumisa a indicaciones forzadas, solo emana desde adentro. Acude cuando soltamos el control del cuerpo, las emociones y las circunstancias que preocupan. No es recomendable la insistencia para llegar a ese estado, por el contrario, es algo así como remar suavemente aguas abajo dejando pausas en el medio de ese andar. 

La paz interior viene con la calma y es un poder que se adquiere si se deja espacio para que mane. Una vez que llega y se instala, tiene la cualidad de darle forma a las cosas y, lo mejor, es que “siempre está ahí”, no hay que llamarla.   

El agua más turbia se aclara cuando se serena, y, de esa serenidad, surge la vitalidad. Vivir pausadamente va de la mano con vivir conscientemente, para ello la búsqueda es estar atenta, atento, a los entornos que habitamos, porque sabemos que son energéticamente poderosos, pueden contagiar paz o agitación. La ecuación sería estar sutilmente consciente y a la vez con cierta quietud interna, sin apresurarse a enjuiciar, suponer, pensar, ni exigir nada, pero absolutamente atenta o atento a nuestra sensibilidad.  Sería alerta pero relajada y en paz. 

La naturaleza cumple su labor con arreglo a su propio calendario, el desarrollo de cada una o cada uno guarda un orden divino que se va dando según los niveles de consciencia. Nuestras cualidades originarias nos ayudan a darle cauce, por eso la resistencia, las batallas con el entorno y con una misma o uno mismo, las condicionan o limitan.

No exigir y confiar, mantenerse en un estado de gratitud y cautela, aceptar el ritmo que marca nuestra naturaleza presente.

Podés transitar despacio por la vida o hacerlo cual huracán que arrasa, no depende de vos lo que suceda, así que te aconsejo que relajes. Fundamental es aminorar la marcha frenética creyendo que llegar a resultados que acarrean costos altos es el camino del crecimiento y en contraposición, buscar la tranquilidad como algo habitual día a día.

Cuando no nos empeñamos en forzar las cosas, eso que deseamos llega, solo que debemos aceptar los tiempos destinados a ello.

Witter Bynnet en su obra, El camino de la vida de acuerdo a Lao Tse, dijo:

“Como puede mantenerse en curso la vida de un hombre o una mujer si no permite que ésta fluya.  Aquellos que fluyen como la vida saben que no necesitan otra fuerza. No sufren desgaste, no sufren roturas, no necesitan remiendos ni curas”

Queda en paz y agradece y abandona cualquier pensamiento de intranquilidad. 

Que así sea.

Alejandra Brener 

Lic. en Ciencias de la Educación

Terapeuta corporal – Bioenergetista

alejandrabrener@gmail.com

/Alejandra Brener Bioenergética

@espacioatierra

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