Lo que el año nos dejó: Seis grados de separación

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Hay una teoría que dice que sólo necesitamos una cadena de 6 personas para conectar con cualquier individuo de la tierra. Seis grados, seis personas es el máximo que te separan de cualquier situación vivida en la tierra… ¿Cuántas personas necesité para conectarme directamente con los que durante esta pandemia vivida este 2020 lucharon en primera fila? Un solo eslabón.

Surge esta nota cuando me hablan de Cami que recién recibida de médica, su primer trabajo es la guardia de casos sospechosos de Covid, y le será inolvidable… Y de extrañar a Andrés, mi amigo, neumólogo de trayectoria, en primera fila desde el minuto uno de la pandemia… O de mi amiga del secundario Mirta, hoy enfermera, dueña de una voz profunda que usó para cantarle a un paciente ya al límite del stress. 

Tambien contacté a Luis y a Daiana, cada uno con su historia, que quisieron compartir, aquí, como trabajadores de la salud.

En esta revisión del año , ellos fueron los héroes. Como en una guerra vieron demasiado, vieron a muchos partir, ellos mismos se enfermaron y temieron, enfrentaron la culpa de contagiar a sus familiares… Pero allí se quedaron. En homenaje este artículo. Para que reflexionemos también, cómo enfrentamos nosotros mismos la vida, si pensamos en los otros, como ellos lo están haciendo.

• Doc. Camila

Camila D’Addiego Machín, tiene 25 años se recibió de medica en la UBA este año, y su primer trabajo fue en las UFUs (Unidades Febriles de Urgencia de la CABA) del Hospital Ramos Mejía. “A mí me tocó estar en un hospital junto a mis compañeros donde cumplíamos guardias de 12hs desde las 8am/8pm, trabajamos junto a enfermeros, un grupo de chicos que hacían el triage y los administrativos. Nosotros éramos la primera “posta médica” que veía a los pacientes y decidía lo que correspondía hacer. La primera oreja que escuchaba a quienes venían preocupados por sus síntomas. Claramente no esperaba que mi primera experiencia laboral médica sea en una pandemia, pero siento pasión por la medicina y estoy muy dispuesta a aprender y ayudar. Cuando recibí la propuesta no lo dudé ni un minuto. Por suerte en el hospital, todos los médicos con más experiencia estaban dispuestos a ayudarnos. Escuchar a los pacientes te hace crecer y aprender de cada uno”. 

-¿Tuviste miedo?

-No tuve miedo, tuve cuidado. Porque el miedo trae aparejadas otras cosas, que creo que terminan siendo un factor de riesgo para enfermarte no sólo de Covid. En la experiencia que tuve todo este tiempo vi cómo afecta a las personas la depresión, el estrés, y toda la paranoia y el miedo que generan los medios de comunicación. 

Los medios de comunicación tienen un rol importante en esta situación, y veo que en estos programas que se supone que son informativos… desinforman, parece que el objetivo hubiera sido generar paranoia. Y ni hablar de gente que ya padecía enfermedades crónicas antes de este virus y dejó de consultar por este miedo que le generan desde todos lados. Por eso recalco: no es el modo de transmitir, hay que enseñar, hay que educar a las personas a cuidarse, a la higiene, a respetar a la enfermedad, a esta y a todas las demás también. 

Cami se contagió aparentemente de una compañera asintomática con quien compartía almuerzos, por suerte ella tampoco tuvo síntomas, estuvo aislada 10 días. 

• Lic. en Enfermería Mirta

Terapia Intensiva

Mirta Guzmán, trabaja en terapia intensiva del Hospital Argerich desde el 2005. Cuenta cómo alivió el apoyo de las psicólogas que brindó el Gobierno de la Ciudad, con las que siguen haciendo terapia grupal; que tuvieron que adaptarse, que contar con personal idóneo ha sido fundamental; destaca el trabajo incansable de la Jefa Médica coordinadora de Terapia Intensiva Magui (Margarita Torres) que trabaja de lunes a domingo, ella es fundamental para guiar al equipo.

Ellos, tuvieron que desaprender y reaprender técnicas de cuidado. Me habla de imágenes terribles, y de lo fundamental que es el trabajo en equipo, la confianza en el otro… Algo que le vino bien. 

– ¿Es reconocido tu trabajo?

-De la persona a la que nosotros asistimos, sí. Atravesar esto con ellos y ver que se recuperan es una gran satisfacción, te llena el alma. Es así, es algo que no podés explicar, porque sabés que estás haciendo bien. Nadie te ve, eh, estamos con los trajes de “astronautas”.

El otro día me tocó atender a un paciente muy lúcido, (Covid) pero que todavía no se podía ir… estaba con traqueotomía. Era un músico, sin un reloj, sin tele, sin música, todo el día ahí despierto sin poder hablar. Y yo me enteré que era músico porque se me ocurrió meter en una bolsita mi celular y mientras yo estaba en la sala con mi compañero ponerle música. Entré con el celular toda vestida con el equipo y le puse música. Y él empezó a buscar y me muestra: folklore. Me señala a un “tipo” que estaba tocando la guitarra, y me muestra que era él -totalmente distinto a su estado como paciente-  y me puse a cantar, y el hombre se reía, y la verdad es que verlo así… y yo cantaba cualquier cosa, y después me puse a bailar un gato, no sé bailar folklore. Entonces “hablábamos”. Y tenías que verlo cómo le cambió… no sé cómo explicarte… le cambió la energía a ese hombre. Vos entrás a la sala a hacer toda la repartición de la medicación y a hacer procedimientos, todo ese proceso dura dos horas. A él le cambió el humor, los ojos, la expresión, reencontrarse, escuchar su música y verse, fue increíble. 

Yo lo hablé con Magui, que quizás estábamos olvidándonos de algo tan fundamental como es la psiquis de las personas, porque esto te quiebra. Esa fuerza al espíritu que te da la compañía de un familiar, un amigo, se siente y les cambia un montón, es increíble como los levanta.

-¿Llegó el mensaje de la prevención a la sociedad?

-A los que están afuera que se cuiden. El virus ya está, está súper instalado y hay que aprender a convivir. Yo soy muy observadora, presto atención en los transportes… en el súper… me tomo el trabajo de ver a la gente cómo utiliza las cosas, cómo se toca. No hay una educación.

Me parece que la educación a la sociedad no llegó. Yo me contagié por una persona que entró a trabajar, vino con fiebre y con tos y nunca dijo nada. Estuvo una semana con nosotros y era positiva. Contagié a mi jefa, se murió su marido, contagié a toda mi familia. El sentimiento de culpa es terrible, pero me enteré después de que yo ya había compartido un fin de semana largo con mi familia. Y yo al menos no tuve nada grave, no hice neumonía y mis familiares tampoco. Pero otros sí, compañeros que están haciendo rehabilitación porque no pueden ir al baño porque se cansan ¿Sabes lo que es ir al baño y cansarte porque te falta el aire?

•  Lic. en Enfermería Luis

Terapia Intensiva

Luis Gauna es Licenciado en Enfermería y trabaja en la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Argerich. Su experiencia es similar… “Al principio fue desastroso, muy angustiante. Todos con miedo, con ganas de llorar, porque no sabíamos cómo hacer para enfrentar esta situación… Ni bien comenzó todo esto en Argentina y supimos que íbamos a estar nosotros expuestos …hubo mucha angustia, para eso contamos con un equipo de psicólogos a los que podíamos consultar y un infectólogo que pudiera educarnos y sacarnos las dudas para ayudar a transmitir tranquilidad. 

Hoy te puedo decir que se trabaja más tranquilo, es más normal, es algo que se insertó ya en la sociedad. Las altas las vivimos con mucha alegría, las bajas son tristes, pero bueno, sabemos que es así. Hay cada vez menos casos, menos pacientes, menos bajas. Estoy confiado en que va a salir la vacuna precisa, cuanto antes y que nos vamos a poder relajar un poco más. 

Nosotros los enfermeros y todo el equipo del hospital nos mantenemos con ganas de seguir adelante, de seguir luchando, viendo las cosas positivas, viendo a los recuperados, a los no contagiados, a los que se contagian y la cursan levemente. Muchos compañeros cayeron con la enfermedad pero volvieron a salir. Miedo ya no hay, la adrenalina ya bajó bastante así que estoy tranquilo y sé que gracias a Dios va a pasar todo esto en cualquier momento”.

•  Daiana Personal de limpieza 

Daiana Giménez tiene 28 y es personal de limpieza del Hospital Argerich. Vive en Gonzalez Catán y tiene dos hijos.  Este año todos aprendimos que la higiene y mantener los espacios limpios es primordial, el rol de Daiana en el hospital es esencial, la presión para ella y sus compañeras fue mucha “…Nos sentíamos exigidas y la angustia permanecía siempre. El cansancio que sentimos es físico y mental…” cuenta.

-¿Qué cambió en tu rol por el Covid?

-Cambió todo, la forma de limpiar, no estábamos acostumbrados más que en algunas habitaciones, a vestirnos con camisolín, barbijo y todas las protecciones que necesitamos. Ahora es todo el día vestidos así y en todas las habitaciones. Una se para afuera de la habitación y piensa “-ojalá que no me contagie, ojalá que no me contagie”. Yo fui una de las que se contagió igualmente.

En un momento cuando esto empezó no venía nadie a trabajar, éramos cuatro o cinco. Para un hospital de diez pisos. Fue un cambio brusco, tanto para mí como para mis compañeras. Muchas cosas juegan en contra, la salud psicológica… ver llorar a algunas compañeras por miedo, llorar una misma también por miedo. La duda a tu casa te la llevas todos los días. Vas viajando y te preguntás “¿Me habré contagiado? ¿No me habré contagiado?”.

-¿Qué les gustaría decirles a los que están «afuera» y subestiman el virus?

-A los que están afuera, los invitaría a limpiar una habitación con pacientes de positivo Covid-19 y ver las reacciones que tienen al entrar. Para nosotros fue algo nuevo desde que tuvimos que entrar la primera vez a una habitación, cuando tu cabeza se llena de preguntas, el miedo te juega malas pasadas, un montón de sensaciones juntas. Los invitaría a que ellos vean lo que es desde adentro. 

¿Cuál fue mi cable a tierra?  Mis hijos, siempre. Siempre lo van a ser, ellos. Gracias por pensar en el personal de limpieza y hacer preguntas que quizás nadie nos hizo…

•  Dr. Andres Bertorello
Neumonólogo

Dr. Andres Bertorello, es mi amigo, él y su familia. El exponerse, el estar en primera línea, nos preocupó a todos… Pero es su función. Y allí estuvo.  Cumpliendo roles que por su nivel científico no le tendrían que haber tocado. Pero como repiten todos, muchos profesionales y trabajadores de la salud, humanos son, y las licencias se multiplicaban, y quedaban, los que quedaban, con todas las responsabilidades de la profesión a cuestas.

Andrés accede a que le haga preguntas, pero a regañadientes, es muy reservado con su profesión, de ya 31 años de medico cumplidos. 

-¿Qué cambió en tu rol por el covid?

-Aumentaron las tareas y tuve que hacer un consultorio febril UFUs y Triage.

– ¿Cuál es el pensamiento que se presenta todos los días al ingresar al hospital?

-Me da pena ver el hospital vacío con pocos médicos y pacientes.  Pero esto va mejorando.

-¿Cuál es tu reflexión a 9 meses del inicio de pandemia?

-Que esto ha sacado lo mejor y lo peor de mucha gente.  Yo valoro el trabajo en equipo, y en las UFUs el trabajo de las instrumentadoras que nos asisten fue fundamental. ¿Qué necesitaríamos para trabajar mejor? Desarrollar equipos.

Y ahora viene lo más difícil: tratar las secuelas. Tengo los consultorios llenos de pacientes post Covid.

Se desempeña como médico de planta en el prestigioso Hospital Argerich de CABA.

Cecilia Andrada 
CONVIVIR

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