«La metamorfosis»

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La Argentina se ha convertido en crisálida, venimos desde hace más de dos décadas con una gran metamorfosis, que provocó muchas crisis y enfrentamientos ideológicos. Era de esperarse después de la muerte política que sufrimos en el 2001. 

Pasar de gusano a crisálida no debe ser divertido para nadie, tampoco es muy claro en qué desembocará todo mientras estamos en este estado, es probable que nos quedemos estáticos mientras todo se mueve sin que sepamos por qué y para qué.

Pero como células partícipes de esa metamorfosis, cada uno de nosotros sabemos qué queremos y por qué lo queremos, y en eso está la sabiduría de la naturaleza. Si mantenemos la claridad de objetivos y perseguimos nuestros sueños con fuerza, inteligencia y pasión, posiblemente estemos ayudando a la Argentina a convertirse en un nuevo ser alado, sin que realmente como células, nos demos cuenta cabalmente.

“Toda crisis es oportunidad”, hoy tenemos una gran oportunidad de convertirnos en mejores personas y en un mejor país. Sin importar de qué lado estemos, está claro que ambos lados forman el sueño colectivo de un país mejor, como un Ying-Yang en perpetuo movimiento.

Tenemos una gran responsabilidad como individuos y como participantes de una comunidad que busca mejorar y auto superarse ante los desafíos tan extremos a los que nos enfrentamos en los próximos años en este mundo tan convulsionado.

Si cada uno de nosotros como individuos y como seres concientes que habitamos este país y este planeta, no ponemos en la agenda diaria las urgencias que reclama nuestra civilización, nuestra cultura y nuestro mundo, con todo lo que eso implica -economía, organización social, clima, depredación, explotación desmedida de los recursos naturales, guerras, hambre, codicia y explotación del hombre- es muy difícil que alguien lo haga por nosotros.

Poner esto en la agenda diaria, no es una locura difícil de realizar, es una utopía que nos guía a alcanzar una mejor calidad de vida. Es tomar conciencia de nosotros mismos como seres con responsabilidad social y cultural, sabiendo que en cada acto estamos construyendo nuestro destino.

Esta verdad, que puede parecer muy lejana e inabarcable, es muy simple, cada acto determina por sus consecuencias e implicancias muchas más cosas de las que podemos prever. Desde nuestro desayuno hasta la hora en que nos acostamos, todo tiene consecuencias drásticas en la organización del mundo.

Cuando realizamos un acto habitual no tenemos conciencia colectiva de como ese hábito multiplicado por una masa de individuos puede tener consecuencias exponenciales en la organización económica de un país y en la huella ecológica del planeta. Nosotros somos los responsables del cambio. Solo debemos atrevernos.

Ignacio Conde

iconde@FyN5.com

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