Cambio de hábitos para mejorar la salud

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Si solemos enfermarnos con frecuencia o ciertas dolencias y malestares se hacen presentes con cotidianeidad, es normal que nos preguntemos qué es lo que estamos haciendo mal o por qué nuestras defensas son tan bajas.

Hagamos un repaso por algunas prácticas diarias que harán que disfrutemos más de la vida plena y sanamente solo modificando o prestando más atención a algunos detalles que repetidas veces descuidamos o damos por sentado.

Prestar atención a la postura: es común que duela la espalda o la cintura. Manteniendo una regular ejercitación de flexibilización con alguna actividad como puede ser el yoga, Pilates o natación ayudamos a aumentar los músculos abdominales y dorso lumbares y así resguardar nuestro bienestar vertebral. Realizar actividad física, cuidará el sistema cardiovascular, respiratorio, y promoverá la relajación. Prestar atención al estar trabajando en casa, en la postura que adoptamos al estar sentados o de pie.

Vigilar qué comemos: un factor primordial en el cuidado de nuestra salud es la alimentación. Si nos nutrimos solamente –o mayormente –de comida chatarra, harinas, azúcares no estamos ayudando a nuestro cuerpo a  protegernos de los virus o bacterias a nuestro alrededor sino, por el contrario, les abrimos la puerta para invitarlos a pasar. Es recomendable comer mucha fruta y alimentos sanos y ricas en vitaminas y minerales.

Agilizar el cerebro: si mantenemos a nuestra mente activa, estaremos más resguardados del deterioro cognitivo y así el bienestar y prevención de enfermedades aumentará. ¿No se te ocurre de qué manera hacerlo? Leé, escuchá música, aprendé cosas nuevas, pintá!

Al agua pato!: venimos del agua y hacia el agua vamos. Sanación y purificación son palabras afines al líquido sagrado. Es muy importante que bebamos mucho para ayudar al organismo a limpiarse y a recuperar la deshidratación que puede ir perdiendo el cuerpo, al igual que nuestra piel. Asimismo, mojarse, darse un baño, dejar que el agua recorra nuestro cuerpo, nos quita energías negativas, nos relaja y nos ayuda a estar mejor.

Vivir la naturaleza: intentar encontrar algún momento en el que no reencontremos con la naturaleza; mirar el cielo, leer bajo un árbol, escuchar los pájaros. Quitar los sentidos de los aparatos tecnológicos y entregarlos a nuestro ambiente nos ayuda a mantener la salud ocular y estar alertas y más tranquilos.

Sonreír: reírse a carcajadas, entusiasmarse, sentir satisfacción, orgullo, pasión, amor, son todas emociones positivas y son un sostén necesario para nuestro bienestar y nuestra calidad de vida. Contagiemos risas y sonrisas para sentirnos mejor.

Querernos: disfrutar de nuestra compañía es quizá, el primer paso para lograr una mejor calidad de vida. Elegir cuidarnos es elegir vernos bien a nosotros mismos.

Gisela Medrano 
CONVIVIR

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