Abrirse a lo que viene

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Aferrar, agarrar, abrazar con mucho ímpetu, sujetar ¿No son creencias o conductas frecuentes cuando nos vinculamos con algún objeto querido? 

“Deseo tenerte por siempre”- le decimos a un ser amado- “Nunca te alejes de mí” pensamos cuando el vínculo con un ser cobra fuerza. ¿Cuánto hay de amor y cuánto de apego en estas expresiones? Tal vez equivoquemos nuestro modo de sentir el amor. Quizá imaginemos que si nos aferramos al otro o a las cosas, las queremos más. Sin embargo, parece que confundimos la sensación de querer con poseer y el problema reside en que, cuánto más nos aferramos al otro o a las cosas, más miedo nos da perderlas.  Luego, si las perdemos, pues sufrimos. Mientras tanto, reclamamos amor manifestando: “te necesito” o “me haces tan feliz” para inmediatamente decir “cuando tú no estás, siento que me falta algo”. Y así se suceden los reclamos, las exigencias, los pedidos.  

 El apego es un estado emocional de dependencia a una persona, cosa, situación, que se rige bajo la creencia de que sin ello no es posible ser feliz. Es prendernos a las relaciones con mucha fuerza. El amor genuino, por el contrario, es tomar todo con delicadeza, es decir, livianamente, nutriendo y permitiendo que las cosas se deslicen suavemente, sin esfuerzo, sin presiones.  Si avanzamos con la creencia de ser completados a través del otro o de las pertenencias, nuestro vivir, probablemente, carecerá de espontaneidad, de sutileza, de calma. Porque la satisfacción dependerá del exterior. 

En esta vida, nada es eterno, nada permanece, todo fluye y avanza desde un orden natural. Soltar…soltar, todo lo que nos sujeta, darle lugar a la flexibilidad, la idea de fluidez. De esa manera se perderán ataduras y se ganará libertad. No nos apeguemos al resultado de nuestras acciones, no calculemos el rédito de cada uno de nuestros actos, sobre todo cuando damos para recibir, cuando amamos para que nos amen, cuando vivimos a través de otra persona.  

La búsqueda del desapego no implica abandono, ni despojarnos de todo lo poseído, ni un desentendimiento de responsabilidades, es una actitud o perspectiva de vida. Podría definirse como la carencia de toda necesidad, conduce a la libertad y permite a nuestra alma manifestarse.  Nos despojamos de los conceptos de carencia y nos entregamos a aquello que nos ofrece el universo a través de la aceptación. Aprender a aceptar, nos impulsa al desapego. Y discernir entre “aceptar” y “resignar” nos ayuda a establecer en qué grado estamos apegados a algo. 

Comencemos este año visualizando el soltar para caminar livianamente, acariciando esas capas de impurezas que aun andan instaladas sobre alguna parte del cuerpo y pesan. Profundicemos esta caricia para desapegarnos con amor, dejar ir lo que no nos proporciona placer hacia la tierra. Esto nos concederá un andar suave, grácil. Recuerden: en esta vida, nada es eterno, nada permanece, todo fluye y avanza desde un orden natural<

Alejandra Brener 
Terapeuta corporal bioenergetista
alejandrabrener@gmail.com  /Espacio a tierra

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