Reunirnos con lo íntimo acarrea develar ciertos misterios escondidos en una de las zonas más pedregosas y ocultas de nuestro cuerpo: el inconsciente. Allí andan cobijados recuerdos con tiempos indefinidos, relatos con palabras poderosas, imágenes con colores intensos y mucha información. Nuestra psiquis se ocupó y se ocupa de abrigar todo lo que puede generar algún tipo de desequilibrio emocional en nuestro cuerpo y lo guarda. Sin embargo, a veces, traer a la conciencia cierta data escondida puede ser la clave de nuestra evolución. Desde la mirada psicocorporal, el inconsciente está en los músculos, en las sensaciones, en la espontaneidad del movimiento y también en los relatos mentales que los acompañan. Ciertas voces del cuerpo hacen hablar a nuestro inconsciente, solo es necesario atenderlas. Es una escucha que va desde sonidos superficiales hasta profundos e íntimos. El primer paso es disponerse a hacerlo. Para ello es necesario habitarse, es decir, estar presente desde las sensaciones, el modo en que respiramos y la forma en que nos vinculamos con el mundo desde el cuerpo.
Quien tiene dificultad para habitarse es probable que se quede en el plano de lo superficial. Se trata de personas que suelen reactivar rápido, pueden enojarse inmediatamente durante alguna conversación o hecho, o generar culpabilidad, o muchas más posibilidades que suceden de manera impulsiva. No hay una intermediación de la pausa. De modo que, sugiero primero, regular los impulsos y observar.
En ese lapso, el primer indicador de presencia es notar la ansiedad; se puede esperar, dar una respuesta o dejar que el silencio hable internamente. Seguramente aparecerán cuestiones conscientes (relatos internos) y cuestiones inconscientes, algunas molestias en diversas zonas corporales. Hay quienes advierten un caos interno que se traduce en fenomenales sacudidas. Solo debemos dejarlo estar, porque quizá, el mensaje inconsciente es que hay un suelo, una base psíquica que está moviéndose. En oportunidades, este cataclismo incomoda; pueden bajar las defensas y aparecer alguna enfermedad sin razón aparente. Si no intentamos escuchar al cuerpo, el inconsciente insiste, presiona, se hacen más sonoras esas expresiones. Aquí es donde aparece una invitación a bucear por la intimidad del ser y ese recorrido, probablemente, brinde información. En estas instancias el acompañamiento profesional ayuda. Bertolt Brecht decía que “la crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer”. Entre lo consciente e inconsciente, suele haber oscilaciones, empuje de fuerzas, hasta que descubrimos otras versiones de nuestra historia. Ahí está el desafío, solo hay que animarse a vivir ese pasaje: de lo superficial a la intimidad de nuestro Ser.






