Todas las respuestas… a las preguntas que jamás te importaron – Octubre 19

Creo que a cada sociedad le llega su momento de parar la pelota, mirar y preguntarse hacia donde volver a patear.  Sin necesidad de que otro conteste por nosotros. Es imperioso encontrar la respuesta solos.

Parecería que nos encanta que mastiquen la información por nosotros, y así consumimos  datos ya digeridos y analizados a la manera de otro, que habla locuaz, que está en otra posición…que es más lindo y la aceptamos, la consumimos como verdadera, nos gusta su dulzor simple, nos tranquiliza…

“Es que buscar y analizar cansa más, viste? Y hoy no me jodas con hacer esfuerzo, si todo lo tengo acá al alcance de mi índice, frente a mis ojitos…” – sería el subtexto. E incluso llenan nuestro tiempo con respuestas a cosas que ni nos interesan saber: «Te gusta la chocotorta? Sabes por qué, porque la sinapsis de tus neuronas recuerdan ese primer sabor de la niñez…” ¿Qué? ¿Qué me importa? Me gusta y ya! No me importa por qué, no me lo pregunto, eso no me interesa… lo que me interesa hoy es saber por qué y para qué pierdo mi tiempo. Por qué no soy capaz de unir lo que hago con lo que pienso… y esa pregunta quizás me lleve a hacer cosas mejores, por mí y para los demás. Claro que todas las preguntas no tienen respuesta, pero necesito realizar las preguntas correctas para poder avanzar, pensar, elegir. 

Escuche hoy por ejemplo que en el debate de los candidatos presidenciales, están prohibidas las preguntas de los periodistas…entonces qué vamos a ver? El show del coaching….y la chicana? ¿Por qué estaría mal preguntar? Nos estamos perdiendo un ejercicio fundamental, un ejercicio que lleva a la duda, a la creación.  

Pensemos, hagámonos las preguntas que necesitamos: por qué, para qué, quiénes?

Lo contrario es no pensar.

Dolina, en un antiguo programa suyo decía: “la gente no quiere leer, quiere haber leído…”

Y hablaba del esfuerzo de pensar, del disfrute de terminar algo que costó. De la admiración por lo artesanal, por lo “único”.  

El otro día detecte en mi nene de 8 años, su primera reflexión sobre una pregunta sin respuesta: “Qué nació primero, mamá, el huevo o la gallina? Eso es algo que nunca nos vamos a poder responder» me dijo. «No sé hijo, pero pensemos…”

Que disfrutes de la edición de octubre.

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