Somos ganadores

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A veces es tanta y tan dispar la lucha diaria, que quedamos sumergidos en trámites, en disconformidades, en situaciones que nos enmarañan e impiden la visión de aquello que realmente somos y de lo que nos trajo por estos lares de la galaxia.
Incluso las dificultades diarias nos ocultan el deseo de eso en lo que nos gustaría convertirnos; la meta a la que aspiramos, que yace oculta entre papeleos y cuentas por pagar.
Mientras tanto, muy dentro de nosotros, nuestro verdadero ser calla y aguarda. A veces se deja oír un poquito, pero permanece mayoritariamente retraído y oculto.
Nuestro verdadero ser.
Cómo será. Quién será. Qué nos querría decir. Cuánto en común tiene con ese en el que nos hemos transformado.
Nuestro verdadero ser.
Ese que nos convierte a todos en iguales, con las mismas ansias y las mismas metas. El que no sabe de carencias ni de fracasos. El que nos abarca con amor y es nuestro refugio.
Nuestro verdadero ser.
Nadando en un mar etéreo, confundido entre miríadas de entidades semejantes, todos similares. Cuánto en común tendremos con nuestro verdadero ser, cuántas diferencias habremos ido forjando a lo largo de la vida, que nos alejaron e incrementaron las distancias.
Es largo un día, suceden muchas cosas en él; buenas y de las otras. Los hechos cotidianos nos atrapan y encadenan circunstancias sin parar. Y todos nos vamos quedando sumergidos sin querer, o sin saber. Pareciera que la vida está diseñada para hacernos olvidar nuestro origen. Y no nos conviene estirar las distancias, distraernos y alejarnos de aquello que verdaderamente somos. Haciéndole el juego a aquello que nos impide ser dioses.
Porque eso es lo que somos, una parte de Dios evolucionando.
Y es bendito el momento en que nos damos cuenta de que todas las experiencias que se nos presentan son diseñadas para la propia superación. Y no, no hay casualidades. Por alguna razón nos pasa lo que nos pasa. Y tenemos los parientes que tenemos, y se presentan las experiencias que necesitamos para aprender.
Y los que nos rodean funcionan como un espejo, en ellos vemos lo bueno y lo malo que hay en nosotros mismos. Y lo que nos disgusta en los demás es lo que hay en nosotros oculto y no lo queremos reconocer. Como si el planeta fuera un gigantesco tablero y todos sus habitantes las piezas de un mágico juego. Termina un partido y empieza el siguiente. Con la diferencia que en este imaginario juego todos somos ganadores. Porque absolutamente todo lo que vivimos nos sirve, y
todo está diseñado para nuestro provecho. Porque aún cuando perdemos (cuando nos enfermamos, o nos maltratan, o nos sentimos desgraciados), estamos sacando ventaja de esa experiencia, aunque no nos guste y nos parezca injusta, nos sirve.
Por eso es positivo que descubramos la belleza que hay en todo, porque todo está diseñado exquisitamente por una inteligencia superior, a la que con nuestra mente limitada no podemos comprender.
Y cuando tengamos la información necesaria, cosechada a fuerza de experiencia, veremos que todo encaja, que todo está diseñado para nuestro bien. Y que, en definitiva, somos ganadores. Siempre.

M.S.F

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