Ser y parecer – Alimentación consciente Humano Demasiado Urbano (HuDU)

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Conversaba con parte del equipo de colaboradores que trabajan en la Distribuidora Saludable en los diferentes puntos de venta, y el tema en cuestión que surgió en esa acalorada tarde fue la fecha de vencimiento de algunos alimentos envasados, y lo que pareciera ser en algunos casos una fecha corta respecto de la de elaboración de los mismos. 

Se planteó un juicio de valor negativo por lo poco que “dura” un alimento en particular, como la bebida elaborada a base de frutos secos, en un práctico envase, y su relación con el valor, o mejor dicho precio de ese producto natural; porque el valor es en parte un hecho subjetivo, que además oscila entre la ley de la oferta y la demanda.

He aquí una primera línea divisoria de aguas entre lo que se suele considerar bueno, porque permanece más tiempo antes de vencer y quedar no apto para su consumo, y aquello que vale tanto más, y “parece” que está bueno y se justifica, porque dura más ¿? 

Similar al debate entre qué es mejor, si calidad o cantidad, de tal o cual comestible, y en función de ello emitir juicio de valor respecto de su precio y calidad. Pero eso sí, lo que no suele generar preguntas, y a mi entender debería ya generárnosla, es cómo se mide la calidad de un alimento, esto es, manifestar el interés por la composición del alimento que elegimos para consumir, y hacer las distinciones básicas en lo que hace a: si se trata de un comestible natural, de elaboración artesanal, procesado o ultraprocesado industrial, genéticamente modificado, con aditivos, cuáles, y demás características que definen lo que nos metemos en el cuerpo en el acto de comer. Es decir, lisa y llanamente, si eso que elegimos nos alimenta o nos “llena” en el momento que tenemos hambre. Preguntita esta, que traigo desde el comienzo de esta columna, y que seguiré profundizando en todos los matices posibles que se abre, porque de verdad, hay un montón para aprender, y otro tanto para desaprender (cuanto antes, en lo posible).

Ahora, ¿qué nos pasa cuando nos informamos que aquello que elegimos puede resultar nocivo para nuestra salud, como por ejemplo la variedad de envasados disfrazados con trajes de sano y light en las góndolas de las principales cadenas de supermercados? Fotos y más fotos de caras bonitas, y personajes simpáticos que compran rápidamente la voluntad de los niños, nuestros hijos, que poco pueden conocer de nutrientes esenciales que necesitan sus cuerpos para sentirse bien, y llevar un sano desarrollo de sus funciones orgánicas, cognitivas, por citar algunas… 

Entonces, continuando con las preguntitas que se hace este Humano Demasiado Urbano, HuDU para simplificar, ¿cuán disponible, entendible y a la vista está esa información en los productos envasados de origen industrial? Porque existe una ley vigente que indica que debe estar impresa en el etiquetado del envase, pero no al frente del mismo, y convengamos que en general aparece poco legible por su microtipografía y escasamente clara. No estamos educados en interiorizarnos en esta materia, porque le creemos al marketing por defecto. Al que nos llega desde la televisión, y todos los medios en general a modo engañoso, con caras de figuras conocidas anunciando ¿beneficios?, o profesionales matriculados que se prestan a ese juego de desinformar o malformar con hábitos poco amigos de una vida saludable. HuDU me confiesa que a veces le dan muchas ganas de entrar en la casa de esos que nos venden por ser caras bonitas y públicamente conocidas, o profesionales (del engaño), y revisar sus alacenas y heladeras… ¿Se alimentarán con todo lo que nos ofrecen?

En la misma línea, HuDU me abre el interrogante acerca de cuán fácil es el acceso a la información respecto a cuales y qué cantidades de pesticidas y herbicidas “permitidos” son los que riegan a diario las frutas y verduras que compramos en cualquier verdulería del barrio para consumir como alimentos saludables ¿?. Exceptúo, obviamente, a las que afirman vender orgánico producto de asociaciones con colectivos de productores de la tierra que se ocupan de los cuidados básicos y algo de trazabilidad, para que llegue un alimento libre de compuestos que pueden resultar altamente dañinos para nuestra salud.

Una idea: una invitación a actuar

HuDU me propone, concretamente, que en medio de una cultura de la imagen, tan potente e híper estimulante en materia de consumo, con superposición de imágenes y conceptos, acerca de lo que es calidad y “estilo de vida saludable”, lo mejor que podemos hacer, me dijo, es aprovechar esos dispositivos que nos pegaron, y usamos para registrar momentos “felices”. ¿Cómo? Acompañando a aquellos que se ocupan de revelar con evidencia concreta, y aval profesional, identificando cada alimento que dice ser tal, con una foto de su información nutricional al dorso y publicidad al frente, estudiarla, recomendar en las redes si lo merece. Y si hay dudas enviarla a diferentes referentes. 

A lo mejor se pregunten cómo es posible llevar adelante esa tarea, o parezca una quijotada, pero es solo una foto, crear un registro, compartirlo. Y si surgen más dudas consultar a ANMAT, o al Ministerio de Salud, y a los organismos que deben velar por nuestra soberanía y calidad alimentaria, para comenzar por algo, que no necesariamente es denunciar, sino avidez por conocer y estar bien informados, y regulados adecuadamente en materia de alimentación. Un pueblo sano, seguramente vote mejor, decida mejor. 

Continuará… lo prometo! Salú!

Fernando Hechtlinger
Escritor. Emprendedor. Consultor. Fundador de Distribuidora Saludable, Delicias Serranas y HECHT Fine Arts & Consulting 

  @hechtfinearts / @nanohecht

 @distribuidorasaludableba

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