Pequeña práctica

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 Parece como si una trama densa, pegajosa, se hubiera esparcido sobre todos nosotros, con el fin de impedir que nos sintamos felices. Todos, cada uno, somos el resultado de nuestras pequeñas historias personales. Y todos tenemos nuestras personales razones para actuar como actuamos. Épocas definitorias son estas que vivimos. Si nos ponemos a discernir, con altura, tratando de despejar para separar lo real de lo irreal en lo que vivimos, otro es el cantar. Desde este periódico siempre hemos bregado por vivir una nueva, una vida mejor.  Para que cada uno pueda crecer a su manera, pero considerando al todo y al bien común. Porque hasta que no comprendamos internamente, al punto de vivirlo y expresarlo, que el que opina distinto no es nuestro enemigo; hasta que no comprendamos que, si mentimos y engañamos, el mal nos lo hacemos a nosotros mismos… no viviremos en verdadera paz.

Hasta que llegue ese momento en que despertemos de este sueño irreal en el que estamos sumergidos; hasta que llegue ese momento que está predestinado; porque es parte de nuestra evolución, tendremos que soportar toda esta imperfección que nos amedrenta. Más arriba dije que este periódico, convivir, es una propuesta para una vida mejor. Y eso no significa que nos encerremos dentro de una burbuja, alejados de lo que nos rodea. Vivir una vida mejor se logra con pequeños triunfos personales. Con acciones propias y privadas que nos dejan satisfechos y conformes. Prometiéndonos no aportar a la confusión generalizada y alegrándonos íntimamente cada vez que lo conseguimos. Vivir una vida mejor es perdonar, aunque el agravio recibido haya sido muy grave. Y actuar con compasión, comprendiendo que cada uno hace lo que puede, a pesar de que a veces no podamos entenderlo. Vivir una vida mejor es comprender que todos estamos caminando por el sendero de la imperfección que conduce a la perfección. Que todos estamos aprendiendo y con nuestras actitudes somos maestros de los demás: nos enseñamos continua y mutuamente. Aprendemos qué actitud nos gusta y cuál nos revuelve el estómago, al punto de no desear copiarla nunca más. Y como estamos pasando por épocas de aprendizaje tan difíciles de entender, me parece importante que aprendamos a crearnos nuestros pequeños paraísos personales: un tiempito cada día dedicado a algo que nos dé particular placer. Una vez un taxista enloquecido en medio del tránsito, me confesó: «Yo por lo menos llego a casa y me olvido de todo cultivando orquídeas.» Y me dio una clase magistral contándome el motivo de su felicidad. Sí, a la mayoría de nosotros nos sobran los problemas. No vale la pena detallarlos. Es más positivo tomarlos como maestros que nos están ayudando a encontrar la manera de superar una prueba. Y para drenar un poco de tanta presión, armarnos cada día un secreto motivo de orgullo. En cuanto al resto del día, redoblemos los esfuerzos para tomarnos las cosas con calma y no engancharnos en la locura que quiere envolvernos. Y practiquemos a diario, únicamente para nuestra superación personal, un pequeño acto de solidaridad; o de compasión, o de ayuda desinteresada. Sobran los destinatarios. Y todo, en definitiva, redunda en nuestro particular beneficio. 

Marta Susana Fleischer

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