Trabajo para la mente

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A fuerza de “vivir” a diario la propia vida y de contemplar ajenas, parecería que –a pesar del entrenamiento que dan los años- uno queda descolocado y cada tanto tiene que replantearse dónde está parado y para qué lado quiere (o puede) tomar. Al respecto viene bien reflexionar en el siguiente párrafo del libro de Eileen Caddy, “Huellas en el camino”, que me parece escrito para todos los momentos: “Deja de ser arrastrado por el vórtice de las formas mentales universales de caos y confusión, de destrucción y devastación, empieza ahora a concentrarte en la maravilla y la belleza del mundo que te rodea. Da gracias por todo, bendice a todos los que entran en contacto contigo, niégate a ver lo peor en la gente, en las cosas, en las condiciones y busca siempre lo mejor. Concéntrate en ello y verás los cambios maravillosos que sucederán en el mundo que te rodea” … Y a propósito, hablando de la mente y del mundo, la sabiduría antigua nos enseña que todo es tal como lo pensamos. Que la mente es el más poderoso aliado con que hemos sido dotados. Dicen esas enseñanzas que el universo es una creación mental. Que toda la humanidad piensa a través de una Mente única. Y que las personas somos Dioses en embrión, que estamos aprendiendo a ser Dioses, a través de pruebas y errores. Tan es así, que tendríamos que aceptar que a todo lo que imaginamos le damos vida en otra dimensión y luego se manifiesta en este mundo. Cuando pensamos en otra persona, no importa el lugar donde se encuentra, inmediatamente recibe nuestro pensamiento. Lo mismo pasa con las Jerarquías Espirituales de todas las religiones, cuando pensamos en ellas, entramos en contacto a través del cuerpo mental, que es uno para todo el mundo. (Como si pulsáramos su botón de llamada, o su frecuencia) Los pensamientos viajan, -o circulan- por una “autopista mental que intercomunica”. El estado en que se encuentra el planeta refleja los pensamientos de las personas. Todo lo que pensamos lo atraemos a nuestro mundo. De ahora en adelante: ¿por qué no nos comprometemos a usar la mente de manera constructiva?. Cuando nos asalte algún pensamiento negativo de miedo, enfermedad, pobreza, destrucción, vejez, derrota, enojo o algo por el estilo, rechacémoslo. Repitamos inmediatamente: «Esto no lo acepto ni para mí ni para nadie». Tan solo con el poder de nuestra mente somos capaces de cambiar todo lo que nos afecta y perjudica. A manera de ejercitación, para elevar nuestros pensamientos y encontrar soluciones a los problemas diarios, repitamos varias veces cada día: «Uso la Mente Universal para pensar». O este otro: «Uso la mente de Dios para comunicarme». Hagamos la prueba

 Marta Susana Fleischer

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