Nada está tan lejos – Agosto 19

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Entiendo que llegamos a un límite. Bombardeados de info creamos nuestras propias opiniones abrevando de quienes piensan como yo quiero que piensen.  La propia opinión trasciende como certera y es defendida a muerte porque “es mía”. No existe el cuestionamiento y así se acomoda la “verdad”.

Esta opinión sesgada por mi historia, mis gustos, mi educación genera un desapego, un “extrañamiento” hacia el otro. Y al no reconocerlo como un igual no genero ninguna empatía. 

Y así me protejo, me encierro en mi mundo chiquito, desentendido de las diversas realidades… me rio de los veganos, porque es más fácil que hacerme cargo de la crueldad hacia los animales y de los alimentos llenos de antibióticos y desnaturalizados.

¿El desastre ecológico? Sí pobres, se inundan allá en… ¿Centroamérica? Lejos.  

Y mis plásticos son otra cosa, bueno desaparecen de casa y van a… ese relleno allá, en Quilmes?… pero lejos.

Y que mal como tergiversan todo, no dejan tirar fertilizantes en el campo para que crezcan las… ah, se llama agrotóxico?… bueno es lo mismo. 

El exceso de información se complementa finalmente a las pocas ganas de entender, de tomar consciencia.  Porque tomar consciencia duele. Pero es mejor estar despiertos que dormidos, porque despiertos todavía podemos hacer algo.  

Quizás el exceso de información sea el responsable de esta deshumanización que estamos transitando. La manipulación de opiniones con empresas dedicadas a sacar tu perfil y decirte lo que querés oír, parece un cuento sacado de una serie futurista. Pero chicos, el futuro es hoy. Y la única defensa es empatizar con el otro, hoy por tí mañana por mí. 

Porque nada está tan lejos.

Cecilia Andrada – Directora

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