Moda es: no contaminar más

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Los desperdicios de la industria textil

La industria textil es una de las más contaminantes a nivel mundial. Ya sea por los desechos que se generan a partir del uso de los colorantes químicos, por el modelo de consumo en masa que tanto desperdicio genera, o por los materiales que emplea que contaminan tanto el agua como la atmósfera. En el mundo actual hay tantos tipos de telas como ropas existen (algodón, seda, lana, cuero, etc.), pero hay una tela que se ha impuesto en los últimos años en el mundo de la moda: el poliéster, compuesta en su mayoría por fibras de plástico, un derivado del petróleo. Por año se destinan aproximadamente 70 millones de barriles de petróleo para su síntesis. El poliéster más conocido es el PET (mismo material con el que se fabrican las botellas de un solo uso). Esta tela se ha incorporado en la industria textil por ser una tela resistente, combinable con otros materiales, liviana y que absorbe menos humedad. Hasta acá no encontraríamos desventajas para su uso, ¿no? Pero, el poliéster al estar compuesto de plástico, no es biodegradable, y una vez que “llega al final de su vida útil” demora cientos de años en ser degradado. Lo mismo sucede con el denominado “ecocuero”, que de eco no tiene nada ya que su textura similar al cuero es plástica, en la mayoría de los casos (lean bien las etiquetas).  Sumado a estos factores, está el desperdicio. En Chile, precisamente en el desierto de Atacama, se encuentra el vertedero clandestino de ropa más grande del mundo. Por año ingresan aproximadamente 59.000 toneladas de ropa de segunda mano (proveniente en su mayoría de Estados Unidos, Europa o Asia), parte es recuperada por la comunidad cercana al vertedero, pero 40.000 toneladas se destinan directamente a basurales, produciendo contaminación a largo plazo. Este es otro símbolo de desigualdad y consumo desmedido que afecta a nuestro planeta de manera directa. Sin embargo, en los últimos años se han estado generando alternativas más amigables con el medio ambiente. Por ejemplo, marcas “zero waste”, cuya idea es generar cero residuos, ropa de cáñamo que es biodegradable, lugares que revenden ropa usada en buen estado y el armado de prendas desde cero con un hilo confeccionado con desechos de la producción de ropa. La esperanza no está perdida, pero es momento de replantearnos nuestras maneras de consumo y que mundo queremos en el futuro cercano.

Por Lic. Nabila Gómez Mansur

FFyB UBA. Integrante del proyecto
Femiciencia @femiciencia_

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