Las pruebas

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Hay épocas en la vida en que todo parece funcionar bien, todo anda “sobre rieles”, y de pronto -en un instante- un
hecho grave, infortunado, como un accidente o la pérdida de un ser querido, nos sume en la angustia y la desesperación.
Cuando estamos sumergidos en la situación, gritamos, lloramos, nos enojamos… Esto da paso a una meseta en la que nos sentimos tan transidos por el dolor que hasta nos volvemos indiferentes e indolentes: “todo me da igual”… “abjuro de mis creencias, que no me sirvieron para nada”…
Luego pasa el tiempo, luchamos para reponernos, y un buen día nos encontramos viviendo en la normalidad. Si en ese entonces tenemos la capacidad de detenernos y mirar hacia atrás, veremos que algo habremos aprendido de lo vivido: la solidaridad de parientes y amigos; que usamos el tiempo para reflexionar…
Siempre concluiremos que lo pasado nos sirvió para crecer un poco más.
Recuerdo que una amiga, Laura, me reconfortaba diciendo: “todo es parte de la evolución, todo pasa”. Y aunque en ese momento no me gustaba, tenía que reconocer que era cierto, que era así. Estaremos los argentinos en una etapa de convalecencia, superando los momentos graves del pasado? Nos sentare- mos a reflexionar en cómo las pruebas de los últimos 30 años nos sirvieron para fortalecernos y así crecer y continuar?
Seamos creativos y solidarios, actuemos con compasión y honestidad, empeñemos todos nuestros esfuerzos para superar estas pruebas de una vez por todas.

M.S.F

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