La gran imaginación

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Todo lo que existe en nuestra realidad personal lo creamos primero en nuestra mente. Unos pocos creamos nuestra realidad dándonos cuenta que lo hacemos, usamos la imaginación -que es la herramienta de creación de nuestra mente- para crear conscientemente. Una gran mayoría creamos nuestra realidad aún sin darnos cuenta de que la creamos, de manera inconsciente. Sin embargo, todos, sin excepción, llegaremos a darnos cuenta que somos creadores aprendices.

Aprendiendo a crear realidades perfectas.

Encarnamos y reencarnamos para aprenderlo, en un largo curso que nos toma muchas vidas. Vamos creando una realidad personal cada vez más perfecta a medida que vamos acumulando sabiduría. La sabiduría es certeza sobre cómo crear armonía en nuestra vida presente. En ese largo proceso nuestro eterno espíritu va acumulando cada vez más sabiduría. En ese largo proceso, nuestro espíritu observa como nuestra alma -el contenedor de nuestra mente- adopta una sucesión muy distinta de personalidades temporales, porque es nuestra alma la que encarna, nuestro espíritu observa. Solo así logra acumular las comprensiones que nuestra alma encuentra para él, en vidas muy distintas que producen experiencias muy distintas en una realidad siempre polar. 

Esos cambios son necesarios porque nuestra alma solo encuentra comprensiones y acumula sabiduría a través de la experiencia. La experiencia que produce sentir una situación, vivirla intensamente mientras tomamos decisiones sobre cómo actuar para resolverla. Para luego detenernos y reflexionar sobre los resultados -de armonía o sufrimiento- que obtuvimos con las decisiones que tomamos. Solo cuando sentimos y reflexionamos, surge en nuestro interior el discernimiento sobre como producir felicidad y como crear realidades perfectas. Discernimiento para evitar lo que nos lleva al caos, al conflicto, al sufrimiento y escoger lo que siempre nos permite obtener armonía, buena compañía, salud y abundancia. 

Como aprendemos a través de la sucesión de experiencias en una sucesión de vidas muy distintas, podemos escoger antes de nacer -entre infinidad de posibilidades a nuestra disposición para el nivel que tenemos- que características tendrá nuestra siguiente vida. Esas características no solo crean las experiencias que necesitamos para encontrar las comprensiones que buscamos, sino que crean también la personalidad que vamos a utilizar para decidir cómo actuar ante esas situaciones. 

Antes de nacer escogemos el lugar en que vamos a nacer, a nuestros padres, la familia y las personas cercanas con las que vamos a interactuar, el cuerpo y el sexo que vamos a tener y los recursos que tendremos a nuestra disposición. El lugar, las relaciones, el cuerpo y los recursos que escogemos le da forma al personaje que vamos a utilizar para aprender en el escenario de la vida. Escogemos una personalidad que, basada en su propio, único y original sistema de creencias pueda decidir cómo actuar para seguir aprendiendo a crear realidades perfectas. 

Una personalidad que libremente escriba el libreto de nuestra vida, que atraiga por sincronicidad del entramado cuántico probabilístico, las personas, las situaciones y las dificultades que necesitamos para seguir aprendiendo. La maravilla es que a medida que vamos evolucionando podemos escoger características cada vez más armónicas para encarnar.

En cada vida nuestra alma recibe de nuestro espíritu la sabiduría que ha ido acumulando. La recibe como virtudes, dones y habilidades que, por supuesto dan forma a una personalidad cada vez más amorosa, que tomará decisiones cada vez más acertadas. Aprendemos a actuar cada vez con mayor serenidad, con más humildad, somos más incondicionales, más amorosos e íntegros, más flexibles y tolerantes porque nuestra consciencia evoluciona.  

Hasta que llega el momento en que -en el nivel de los seres humanos- hemos aprendido a crear realidades perfectas y nos corresponde ascender al nivel de los Seres de Luz. Allí nuestro aprendizaje continúa, solo que nuestras creaciones, nuestras responsabilidades y las comprensiones que buscamos son mucho más grandes.

Durante todo ese proceso evolutivo nuestra mente individual permanece conectada a la Gran Mente del Único Ser, a la que podemos llamar la mente colectiva. Esa Gran Mente suma y conjuga las creaciones de las mentes individuales en una creación colectiva, en un holograma dinámico que llamamos el universo. De la misma manera que nuestro cerebro conjuga las imágenes que captan nuestros dos ojos en una sola imagen, la gran mente conjuga las creaciones individuales en una sola Gran Holografía tridimensional. La Gran Mente no solo sostiene el universo, sino que lo mantiene actualizado con la infinidad de creaciones, cambios e interacciones individuales, que suceden instante tras instante en el eterno presente.

Nuestra mente crea la parte que le corresponde de la realidad y al unirse simultáneamente a las demás mentes co-crea la realidad colectiva en la Gran Mente del Único Ser. Creamos imaginando, la imaginación es la semilla de la que surgen todos los objetos, las experiencias y las personas que llegan por sincronicidad a nuestra vida.

Quien no imagina no manifiesta. Esa es la única manera en que orientamos la energía creadora del arriba a crear lo que deseamos en el abajo.

El Universo es un Gran Pensamiento manifestado en el abajo por una Gran Imaginación en el arriba.

Fernando Malkún

www.fernandomalkun.com

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