Instalar una dietética (2)

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¿Qué nombre le pongo? En Alemania, existe un vino que se llama Liebfraumilch (Leche de la mujer amada). En la feria Sabe la Tierra, un emprendimiento se denomina “Corazón que late quiere chocolate”. (En ambos casos, los puede googlear y ver las imágenes). 

¿Qué tiene que ver con ese inicio? ¿Qué tiene que ver con el tema?

Mucho, mucho. Usted los escucha o ve escritos una vez y fácilmente los recuerda.

•Oleada de nuevas dietéticas. Durante la última semana de octubre, estuve de visita a una de las principales distribuidoras de productos naturales. Con satisfacción y cierto reparo, tuve acceso a más de cien fichas con pedidos de aperturas. Repito: satisfacción y pequeños reparos. 

La satisfacción se da porque constato que se viene gran oleada de nuevos colegas… Bienvenidos al rubro! 

Por otro lado, el reparo está en que, al examinar los nombres que van a poner, veo que carecen de originalidad. Hay mucho lugar común y hasta duplicidad (es decir, eligen nombres que ya están en el mercado).

•Puntapié inicial. ¿Cuál es el punto de partida, como requisito, como virtud, como fuerza, para denominar un negocio? Respuesta: Que sea fácil de recordar. 

¿Eso es todo? No, para nada, hay mucho más sobre denominaciones y marcas. Pero, el comienzo de los comienzos pasa por la psicología de la memoria. 

•Guildas medievales. Durante la Baja Edad Media, surgieron las guildas de artesanos y comerciantes. ¿De qué se trató? Eran corporaciones, especie de asociaciones, algo parecido a sindicatos de productores. Las guildas eran instituciones que certificaban el standard de calidad y controlaban la cantidad de mercadería de cada asociado. Las guildas protegían a los asociados y también sancionaban a aquellos que no cumplían con los reglamentos. Una de las cláusulas de las guildas era que cada artesano pusiera una “marca” (una señal) en sus productos, para asegurar la autenticidad y cohibir imitaciones. Es el origen de las marcas.

El efecto directo de tal procedimiento (el de marcar) tuvo consecuencias favorables en los consumidores. Pues, los compradores podían identificar el origen y la autoría del producto que adquirían.

•Artistas anónimos. Muchos pintores y escultores trabajaron en la construcción de catedrales. ¿Cómo se llamaban? No se sabe, nadie lo sabe. Es que, durante siglos, la Iglesia desestimó (y hasta prohibió) que los artistas firmasen sus obras. Por tal motivo, muchas catedrales ostentan pinturas y esculturas de gran valor artístico y poco valor económico, porque nada sabemos de los autores. Todo quedó en el anonimato. Serían obras genéricas, un “todo suelto” del arte.

•El renacimiento. Durante el Renacimiento, artistas como Michelangelo y Rubens rehabilitaron la tradición de firmar sus obras. Esa práctica fue algo como un desafío y otorgó un gran valor comercial a sus creaciones. Las nuevas marcas se originaron en el arte. Escultores y pintores firmaban sus obras como forma de identificación. Aquí surge otra función de las marcas y nombres comerciales: asegurar la identidad del creador y agregar valor. 

Vemos que, mucho antes de la Revolución Industrial y antes del capitalismo, ya existía la preocupación y el procedimiento de “marcar” para sentar el precedente de “esto es mío, esto lo hice yo”. 

•Las marcas modernas.  Las marcas modernas se originaron con la Revolución Industrial. 

En Estados Unidos, los precursores del uso de marcas fueron los fabricantes de medicamentos populares y de alimentos. Algunas marcas creadas en las décadas de 1860 y 1870 siguen vigentes y firmes: Dr. Lyon’s Tooth Powder, Quaker, Pillsbury´s, Ivory Soap. 

En Argentina, la primera marca registrada (en 1876) fue la Hesperidina. Está vigente, está entre nosotros. Su creador fue Meville Sewell Bagley, utilizando naranjas de su quinta en Bernal. Fue desarrollada artesanalmente en la farmacia “La Estrella” (esquina Defensa y Alsina). 

•El desafío de ser diferente. Ya fui dejando claro que una función de la marca (o nombre comercial) es la de proteger el autor y dar seguridad al comprador. Ahora paso a otro tema: diferenciar. Destacarse del montón, no ser más de lo mismo, evitar confusión, no mimetizarse. Ese es el punto que debería merecer la prioridad de todos aquellos colegas que pretenden instalar una dietética. Un nombre que cumpla con los siguientes requisitos: 

Fácil de recordar – Diferente – Original

•¿Y si me equivoco? Caso Usted, al elegir nombre, se equivoque, existe un lado positivo: aprendió algo.

Recientemente, acabo de publicar un libro en el cual yo relato varias de mis equivocaciones. Una de ellas, exactamente al elegir marca. A un producto, le puse una marca que me gusta, pero que no fue del agrado de la clientela. En otras palabras: la pelota pegó en el poste, pero no fue gol.

El tema de poner un nombre es interesante, laborioso, largo. Lo voy a retomar en la próxima nota, la de fin de año. Mientras pasa noviembre y seguimos encarando la pandemia, vayamos pensando juntos. Los espero en diciembre.

Helio Perotto
helioperotto@gmail.com
116274-6315  |  @samurai_proteico

*Helio Perotto es brasileño y ciudadano italiano. Psicólogo, educador, con posgrado en comunicación comercial y teleeducación. Desde el año 2001 escribe regularmente y exclusivamente para los lectores de CONVIVIR. El público merece buena prensa. Es empresario PYME, dueño de las marcas Samurai, Gurfi. Y, como noticia, está lanzando un libro cuyo tema es: Marketing para productos naturales. 

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