Desarrollo puberal y disruptores endócrinos

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La menarquia es la fecha de la primera menstruación, y la edad en que las niñas llegan a su menarca ha ido bajando, desde 16 años en el siglo XIX, hasta 10-12 años en la actualidad. El primer signo de desarrollo puberal en niñas es el aumento del tejido mamario (telarca) que actualmente se considera normal después de los 8 años, y en varones el aumento de tamaño testicular, normal a partir de los 9 años.

Pese a ser considerado normal, este descenso en la edad de desarrollo se atribuye a los cambios bruscos en el estilo de vida y la alimentación de la humanidad en el último siglo. Además, es cada vez más frecuente la aparición de signos puberales antes de los 8 años, en ese caso es primordial la consulta pediátrica precoz para su evaluación.

Dentro de las causas desencadenantes más probables debemos tomar conciencia de la existencia de sustancias llamadas XENOESTROGENOS O DISRUPTORES ENDOCRINOS. Se trata de químicos que imitan las funciones de nuestros estrógenos naturales, alterando la regulación del crecimiento y desarrollo, no solo de los órganos sexuales sino de todo el organismo. No son biodegradables, por lo que se acumulan en el tejido graso del cuerpo, sobre todo por la exposición continua.

Los más conocidos son:  

– Ftalos: en plásticos, productos de belleza y cuidado personal. 

– Bisfenol A: en plásticos, recubrimientos interiores de latas y envases de aluminio, en tiquets de comercios. 

– Parabenos: en productos de higiene personal, cremas, champus.                                                      

– Metales pesados, herbicidas y pesticidas, productos usados estimular el crecimiento del ganado, que se acumulan en alimentos de origen animal, frutas  y  verduras.                                             

– Colorantes y conservantes (por ej. eritrosina, fenosulfotiazina) en productos alimenticios procesados. 

– Triclosan: en productos de limpieza.                                                                                                                                       

La lista es más larga, y es imposible evitar el 100% de la exposición a los mismos. Pero sí se pueden tomar medidas para disminuir dicha exposición lo más posible… entonces… 

¿Qué podemos hacer?                                  

•Tratar de consumir agricultura y ganadería agroecológica en la medida de lo posible, y si no pelar las frutas antes de consumirlas, y remojar verduras unos minutos en agua con bicarbonato de sodio (1 cucharada sopera por litro), lavando muy bien antes y después.                              

•Usar productos de limpieza biodegradables, o elaborarlos en casa a base de bicarbonato y/o vinagre de alcohol.     

•Usar jabones, champú y pasta dental libre de químicos. Prestar atención a las cremas corporales, sobre todo en niños/as y las mamás que tienen bebes, ya que el contacto piel con piel favorece la absorción de las mismas.

•Consumir alimentos naturales, no procesados ni envasados al vacío ni enlatados.                                     

•Sustituir plásticos por acero inoxidable, barro, cerámica, vidrio o enlozados en utensilios de cocina, para almacenar o calentar comida, no envolver con papel film ni de aluminio.                       

•Evitar juguetes, biberones y vasos plásticos (tener en cuenta que los niños pequeños y bebes se llevan todo a la boca lo que aumenta el tiempo de contacto).

Si tomamos conciencia de esta situación podemos cada uno en su casa adoptar cambios que mejoren la calidad de vida de nuestros niños y la de toda la familia.

Por Dra. Veronica Campanelli
Asoc. Arg. de Médicos Naturistas
Pediatra, Homeopata infantil, certificada LINCA 2019 en Tto. Biomédico y Nutricional de TDAH y TEA

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