Creer para ver – un ejercicio con imaginación

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Si las cosas no le van bien, pruebe cambiando, modificando, su manera de pensar.

Y es que contamos con un arma invalorable que es el poder de la imaginación. Aquello que imaginamos, lo atraemos hacia nosotros. El tiempo en que se concreta depende de la fuerza y grado en que imaginamos, y la claridad del pensamiento que utilizamos. No es el “ver para creer” sino todo lo contrario, se trata de creer primero para ver después. Ver concretado aquello que queremos lograr y en lo que creímos primero. Para conseguirlo hay que evitar “sabotear” el pensamiento con mensajes contradictorios. Por ejemplo, si pensamos: Soy perfecto, puede aparecer un pensamiento que expresa: “eso no es cierto, estas lleno de imperfecciones”.

La cosa cambia si formulamos el pensamiento de la siguiente manera: Soy potencialmente perfecto. Entonces si lo creemos y al repetirlo con convicción cristalizamos esa idea y la acercamos a la manifestación, es decir, la hacemos realidad. Para desarrollar la imaginación podemos comenzar con colores, visualizar es sinónimo de imaginar, si queremos imaginar el color rojo, visualizamos un semáforo en rojo hasta que el color queda fijo en nuestra mente y lo podemos recordar cuantas veces lo queramos.

Para el amarillo utilizamos un limón, para el verde la hoja de un árbol que nos gusta y así sucesivamente.

Las imágenes aparecerán a la altura de la frente al principio con los ojos cerrados y con la práctica se visualiza hasta abriéndolos.

Para fijar la imagen puede pensar en la figura de la pantalla de una computadora y que allí aparece lo que quiere obtener.

Imagine siempre cosas bellas, que lo favorezcan y a la vez favorezcan a los demás, así entra en armonía con el Cosmos. Piense en la creación y la perfección que manifiesta, en la naturaleza mejorando siempre sus modelos, siéntase miembro de un mundo donde todo encaja y tiene un fin, aunque por ahora desconozca ese motivo último.

Siéntase cuidado y amado por una fuerza superior que lo contiene y de la cual usted es la expresión. Y si ha comprendido y ha sentido, si se sabe positivamente pieza de un engranaje perfecto y armonioso: comparta. Aunque sea mentalmente comparta sus buenos pensamientos con el resto de las personas que viven en este mundo como usted. Sonríales y siéntase bien al hacerlo, piénselos como hermanos y visualice lo que quiere para usted y su vida en función de los intereses de la totalidad.

Ahí, en ese punto en que se conecta con la mente en común, reside lo que anhela, véalo y dígase que eso es lo que quiere y necesita para ser feliz. Fíjelo en su mente y atráigalo a su vida de todos los días. Agradezca como si ya lo hubiera conseguido, con la convicción que aquello que desea ya emprendió el viaje para manifestarse en su vida y viva en consecuencia.

Realice este ejercicio de imaginación a diario hasta obtener lo que desea, comprendiendo que vino para ser feliz. Que ese es su estado real. Y compártalo. Felicidades.

M.S.F.

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