Ceremonias de medicina chamánicas

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El nativo es parte integrante de su entorno, está adaptado a él, utilizando sus recursos para su supervivencia sin abusar de los mismos, porque está muy consciente de la necesidad de que siga manteniéndose el equilibrio del ecosistema. Y tampoco se le ocurre la idea de aprovecharse y de especular sobre los recursos de la Tierra, resultándole inimaginable que el suelo no sea de todos los que lo pisan.

La Tradición vincula un profundo sentido del orden de la vida y de sus mecanismos ocultos. El chaman es capaz de detectar una enfermedad y de curar a la persona que está dispuesta a sanar; es un punto de contacto entre los mundos espirituales y físico.

Tiene sus asistentes, o espíritus aliados, que efectúan un impresionante trabajo, sutil e invisible, de rearmonización y realineamiento de los cuerpos, de curación y apertura a lo Sagrado, de transmisión de información de gran importancia para la propia evolución.

Estos seres espirituales toman formas distintas en función de la Tradición que vinculan, que sean ángeles, guías, deidades, espíritus aliados. Viven en planos de conciencia distintos, menos densificados que el nuestro, en los que las nociones de tiempo y espacio no son las mismas. No olvidemos que vivimos en un mundo multidimensional y no unilateral.

Una ceremonia es una consagración, permite tomar contacto con la conciencia de lo Sagrado, o sea adoptar una perspectiva frente a la vida cargada del sentimiento más elevado que el humano pueda imaginar y elaborar.

Es la posibilidad de desarrollar otras perspectivas, hacia un potencial cada vez más lleno y prometedor de felicidad, lo que cada quien anda buscando en la vida.

Los chamanes llaman asistentes a energías, o seres espirituales que les apoyan a lo largo de la ceremonia y les ayudan a la sanación. Los asistentes constituyen la parte invisible de la ceremonia, son la puerta que da a las otras dimensiones que puede experimentar el participante. Se habla de la protección que tiene lugar en una ceremonia, siempre uno experimenta el hecho extraordinario de que todo parece estar en su sitio, de que las cosas se ven, manifiestas, cuando antes andaban veladas, y es como si existiera un orden que subyace a todo. Es la magia de la Medicina que nos revela una dimensión

Sagrada de la Vida a la que las rutinas y las pequeñeces en las que nos inundamos nos hacen ciegos tantas veces. Ese orden también lo configuran los asistentes que tienen la función de efectuar un trabajo desde planos más sutiles, trabajo supuestamente energético y que podemos hacer completos si «nos dejamos llevar» en el proceso.

Dejarse llevar en un proceso de sanación tiene muchos niveles. El último nivel es llevarse a reconocer la felicidad del ser completo que en el fondo somos, vivir a nivel celular la reconciliación, la liberación de la tensión, de la obstrucción del libre fluido vital energético.

Es vivir en todos los cuerpos lo que requiere vivir la sanación, o sea darse cuenta en el cuerpo mental, sentir la emoción correspondiente en el cuerpo emocional, abandonarse a la descarga neurovegetativa y las corrientes plasmáticas en el cuerpo físico-energético.

Es difícil llegar a vivir un proceso completo de sanación. No se observa a menudo, y solamente con algún tipo de personas y en momentos especiales. ¿Por qué? Por la resistencia que todos tenemos a abandonarnos a las corrientes vitales de nuestros organismos, y a lo que pensamos imaginamos que nos podría ocurrir si lo hiciéramos, siempre siendo el miedo el que viene a interrumpir el proceso.

¿Qué van a pensar de mi, que dirán?, me van a rechazar, recibiré desaprobación, dejarán de quererme, son algunos de los pensamientos que se pueden manifestar. Incluso sin que la persona este plenamente consciente de ello.

Siempre un chaman tiene uno o varios asistentes que cuidan más de la parte no visible, aunque perceptible, del espacio ceremonial.

Se invoca al asistente y se le pide su colaboración. Esto ofrece un apoyo desde los planos más elevados desde los cuales la percepción de los procesos que viven los participantes tiene una perspectiva plena y global. Los guías pueden «susurrar» al corredor lo que conviene que haga o diga. Aurelio, por ejemplo, comenta que mira al fuego, que es como un libro y que lee en este lo que tiene que hacer en el curso del encuentro. Es interesante remarcar que la percepción de lo que pasa varía en función de la persona, de su identidad cultural y de sus creencias. El filtro perceptivo, otra vez, resultado de la historia personal, del contexto histórico-cultural, de la religión o sistema filosófico-religioso determina la forma. Pasar a través de la historia, conseguir la libertad y la libre elección consciente, vencer la gravedad de la Sombra del inconsciente personal, colectivo y arquetípico lleva al buscador a lograr la capacidad de mirar al «sol» de frente y ver a los fenómenos en su realidad más pura, tal como Castaneda describe a los huevos energéticos que son los seres humanos, o bien a ver el aura y sus colores, o a las formas de vida invisibles desde nuestra dimensión.

Vincent Giambra / Psicoterapeuta

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