Cáncer de mama: prevención

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El cáncer de mama es, con razón, una de las preocupaciones de las mujeres; en la menopausia es más frecuente, pero también se encuentra en personas más jóvenes, sobre todo si tienen antecedentes familiares. Este cáncer es uno de los más comunes en el mundo, y también en nuestro país, con más de 21.000 casos anuales, que representan un tercio de los cánceres ocurridos en mujeres.

Sin embargo, los últimos trabajos presentados en la Sociedad Americana de Menopausia han demostrado que pueden evitarse, teniendo en cuenta en primer lugar, los factores de riesgo que pueden equilibrarse. 

FACTORES DE RIESGO: 

• Exposición prolongada a los estrógenos, aún a los naturales, como sucede con un desarrollo sexual o menarca precoz, a edad temprana -9-10 años- en la niñas, o una menopausia tardía –más allá de los 50 años. 

• La utilización de anticonceptivos y terapias de reemplazo hormonal utilizando químicos también aumentan el riesgo; 

• Los tratamientos de fertilización, que estimulan la producción de hormonas femeninas, realizados en forma prolongada; por el contrario, la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses y complementaria hasta los dos años tiene efecto protector.

• Algunos alimentos de origen animal, como lácteos y carnes que contienen factores de crecimiento, pueden favorecer los procesos oncológico no solo en mamas sino en otros órganos sexuales femeninos, como el útero o los ovarios. 

Según los especialistas 1 de cada 3 casos puede prevenirse con cambios muy simples en el denominado “estilo de vida”, que comprende, más que el control del peso, el aumento de la grasa corporal que produce hiperinsulinemia y resistencia a la Insulina, con aumento de estradiol e inflamación.

El cambio alimentario hacia una alimentación alcalina, antioxidante y antiinflamatoria, rica en vegetales que tienen fibras, vitaminas y minerales, y por lo tanto equilibran la insulina, ocasionando una disminución en los depósitos grasos del organismo y contribuyendo a mejorar la salud.

Con métodos tan sencillos como son modificar los hábitos en las comidas, incluyendo la mitad del plato de vegetales, crudos o cocidos al vapor u horno, condimentados con aceites de girasol u oliva de 1era presión; y completando la otra mitad con cereales como arroz, quínoa, fideos -si es celíaco, es fácil conseguirlos preparados con harina de arroz, quínoa, maíz o con los de trigo sarraceno o alforfón, como lo llaman en España que no es un cereal sino una poligonácea, como quínoa y amaranto, y carecen de gluten por lo que puede comerlos las personas celíacas o intolerantes..

También se puede añadir al plato de verduras, legumbres bien cocidas: entre las más utilizadas se encuentran las lentejas y los porotos, sobretodo el aduki –de fácil cocción y un sabor suave-, arvejas y garbanzos…o con pescados blancos de nuestro océano Atlántico e incluso compartir un plato de carne en el asado del domingo…siempre acompañado por verduras…

Para mejorar nuestro sistema inmune, es importante realizar actividad física, hacer algún deporte o simplemente caminar o bailar, de acuerdo a las posibilidades de cada persona; la actividad física estimula la circulación, ayuda a dormir mejor y disminuye el estrés y los dolores por contracturas musculares. 

Debido a la importancia y el sufrimiento que representa esta enfermedad para el paciente y su familia, y la posibilidad que tenemos de disminuir el número de mujeres que la padezcan mediante estos sencillos cambios, es importante hacerlos conocer y adoptarlos lo antes posible, sobre todo en los pacientes con factores de riesgo para poder prevenir y evitar la enfermedad y sus consecuencias más adelante.

Por Dra. Elba Albertinazzi 
Asoc. Arg. de Médicos Naturistas
info@aamenat.org.ar

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