A qué jugamos

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Los hindúes lo llaman LILAH, el juego de Dios. Dicen
que el Creador juega a crear mundos y que nosotros
formamos parte de Su juego. Suena lindo.
Jugadores con libre albedrío, para hacer lo que nos plazca. Para tomar las decisiones que más nos gusten. Para
elegir y decidir. Flor de juego.
Es bastante difícil que con nuestras mentes acostumbradas al espacio y al transcurso del tiempo (los dos ilusorios), estemos en condiciones de discernir si este “juego”
está bien o mal, si nos hace bien o no. Se supone que
son las mejores condiciones para que –mientras vivimos
en este mundo- nos superemos.
Claro que mirando y escuchando a nuestro alrededor,
podemos pensar que muchas oportunidades no aprovechamos; que más bien parece que como especie “nos
perdimos varios trenes”. Pero… pero… podría ser que
esta manera de ser que manifestamos en conjunto sea
el juego de la vida que nos lleva a mejorar, siempre a
mejorar, superarnos y crecer un poco más.
Sería bueno asumir que estamos formando parte de un
gran juego y pues… ¡juguemos!. Juguemos hasta el final.
En este caso no creo que quede un solo ganador (eso
sería solo un gran perdedor), que para ganar tenemos
que llegar todos. Y todos juntos.
Tenemos libre albedrío, es decir oportunidad de elegir.
Como especie puede ser que nos estemos convirtiendo
en adultos, aprendiendo de los errores para no repetirlos
más. Está bien que todo acontece demasiado lentamente, que los frutos a veces no se ven en una sola generación. Recuerde, el tiempo y el espacio no existen, son
solo una convención para que podamos vivir en este
planeta. ¿Qué es el tiempo? ¿La hora en que me levanto,
o me siento a comer, regidas por la ilusión de la “salida
o puesta del sol? ¿Eso es el paso del tiempo? Usted me
dirá: sí, pero ya tengo canas y eso es una realidad… No
se deje engañar, ¿qué edad tiene su alma? Fíjese quién
siente que es realmente por dentro, si sigue todavía
mirando a una calesita con los mismos ojos; aunque ya
sea abuelo. Qué me van a hablar del tiempo, si por dentro somos siempre los mismos, intocados, sensibles,
aniñados.
Si hay un Creador que juega a manifestar mundos, si
nos mira y siente amor por nosotros. Y en un acto de
amor supremo nos dio la oportunidad de ser los creadores de nuestro destino, de forjar la realidad que más nos
plazca; sería bueno que asumamos que lo bueno o lo
malo que nos pasa no viene de afuera. Únicamente procede del fruto de las elecciones que hacemos y de las
medidas que tomamos. Cada instante, a cada rato,
TODOS.
¿Por qué no nos “disfrazamos” para ser el personaje que
más nos gusta?. ¿Por qué no imaginamos que estamos
en un escenario y actuamos la vida que mejor nos cae?
No creo que todos elijamos ser reyes.
A muchos les gustará ser actores, poetas, corredores de
automovilismo, o vaya a saber uno qué. Pero sería
bueno vivir como si… Quitaría muchas angustias y ansiedades. No es malo crearse un personaje y creerlo. Si
estamos inmersos en un gran juego, juguemos. Por lo
menos seremos más felices.

charlas metafisicas por Marta Susana Fleischer

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