¿La IA me hará mejor veterinario o me reemplazará?

Los humanos somos una especie que externaliza el pensamiento. Necesitamos de una hoja de papel, un pizarrón, una Tablet algo donde volcar lo que vamos indagando, para luego tenerlo todo junto y armar una conclusión. Cuando me siento a escuchar el relato del dueño de mi paciente sobre el motivo de consulta, lo que le pasa, la historia de su enfermedad: voy anotando cosas, voy subrayando lo que me parece importante, voy poniendo signos de interrogación en lo que no me cuadra, voy enmarcando en un círculo aquello que tengo que investigar. Luego en la revisación voy profundizando lo escrito, buscando la confirmación de los síntomas.  Si hay dolor, si hay inflamación, si hay alguna lesión. Pediré los análisis complementarios necesarios para confirmar esos síntomas. Así trabajo desde hace años. Incluso a veces comparto la consulta con una colega que me sirve como reflejo de mi pensamiento. Un ping-pong sobre el caso que despierta en mi cabeza cosas que ayudan a mejorar mi información. Se acuerdan del Dr. House. El usaba un pizarrón para anotar los síntomas y tenía un grupo de especialistas con los cuales confrontaba y discutía para que aparezcan nuevos indicios, nuevas pistas sobre el caso. Cuando ya tengo todo escrito, voy armando el rompecabezas, voy poniendo diversos diagnósticos posibles y termino eligiendo uno de ellos y un tratamiento. Cuando escribes, tu mano está pensando contigo. Cuantas veces al escribir un diagnóstico me he detenido porque hay algo que no me cuadra, algo me falta. Los artefactos complementarios te dejan una huella. El mejor ejemplo es un mapa. Al estudiar el mapa te orientas, y aún luego de guardarlo puedes moverte por la ciudad con facilidad. Por otro lado, los artefactos competitivos hacen lo contrario. El mejor ejemplo de ello es el GPS. Lo enciendes, sigues sus instrucciones y de pronto, mágicamente, has llegado a tu destino, pero no sabes ni dónde estás. Si le preguntas a la IA “¿cuál es el diagnóstico?” y copias la respuesta, eso es el GPS del pensamiento clínico. Rápido, eficiente y vacío. En cambio, si le dices “aquí está mi razonamiento, ¿qué se me está escapando?, ¿Qué me falta? ¿Qué tengo que averiguar? ¿Cómo ordeno lo que ya tengo? ¿Cuántos diagnósticos diferenciales tengo? ¿Qué hay de nuevo en estas patologías en la actualidad?  Eso es otra cosa. Es como diagramar en voz alta con alguien que sabe mucho y nunca se cansa. Tu experiencia, tu análisis, tu criterio siguen presentes. Eso es soberanía cognitiva. Y esa soberanía te da una relación con la IA completamente diferente. Los médicos y veterinarios venimos usando esas vías de ordenar nuestro pensamiento desde hace muchísimos años. Del diagrama en la servilleta a la papeleta electrónica. De Google a la IA. Siempre ha sido lo mismo: encontrar mejores superficies para pensar. La diferencia ahora es que por primera vez la superficie puede responder y conversar contigo. Yo no le digo a la IA. Dame un diagnóstico del caso, yo busco que me ayude a ordenar la información para luego poder decidir con muchos más argumentos. Con toda esa información suplementaria que agrandó notablemente mi hoja primaria es que tomo la elección del diagnóstico y el camino del tratamiento. La pregunta no es si usar la IA o no. La sutil diferencia entre una IA que te hace un mejor profesional y otra que te apaga el cerebro es si cuando termines de usarla, algo de ese pensamiento se quedó contigo. En mi caso me está haciendo un mejor profesional y mucho más eficaz.  Será hasta la próxima, con Salud y Alegría. 

Vet. Jorge Munoz
Vet. Jorge Munoz
Médico Veterinario - Homeópata y cirujano Dir. del Centro de Estudios Veterinarios Alternativos(CEVA)

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