Las Enfermedades No Transmisibles (ENT) —como el cáncer, las cardiovasculares, la diabetes y las respiratorias crónicas— constituyen hoy la principal causa de muerte a nivel mundial. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), provocan alrededor de 41 millones de muertes por año, lo que representa cerca del 70% del total.
Lejos de ser inevitables, una proporción significativa de estas dolencias está asociada a factores modificables. Organismos como el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer (WCRF) estiman que entre el 30% y el 50% de los casos de cáncer podrían prevenirse mediante cambios en el estilo de vida.
El tabaquismo continúa siendo el principal factor de riesgo evitable. A esto se suman el consumo de alcohol, la mala alimentación, el sedentarismo y el sobrepeso. Estos hábitos no solo aumentan la probabilidad de enfermar, sino que también influyen en la evolución de las patologías.
Actualmente se diagnostican cerca de 20 millones de nuevos casos de cáncer por año en el mundo, una cifra en crecimiento. Frente a este escenario, la prevención adquiere un rol central. Evitar el tabaco, moderar el alcohol, sostener una alimentación equilibrada y realizar actividad física regular son medidas simples con impacto comprobado.
No obstante, los especialistas advierten que las decisiones individuales necesitan del acompañamiento de políticas públicas que faciliten entornos más saludables, especialmente en los países de ingresos bajos y medios, donde se concentra la mayor carga de enfermedad.





