30 años de la caida del muro: Sonia y el muro

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A 30 años de la caída del muro de Berlín, tengo la oportunidad de tomar un café, en Buenos Aires, con una persona, que estuvo presente en ese momento de quiebre histórico. 

Para Sonia, nuestra entrevistada, la caída del muro de Berlín y el gran cambio que debió producirse en la sociedad Alemana para reconstruirse de tanto dolor pasado, es un ejemplo que resiliencia en el que deberíamos pensar.  

Sonia Ruseler, charla con voz cálida y gestos suaves, es periodista, con una trayectoria enorme que incluye su labor en la CNN internacional entre 1993 y el 2001. Ella ha visto cambiar el mundo muchas veces, hasta estuvo Washington ese 11 de septiembre fatídico. 

Dejo su adolescencia en Quilmes para convertirse en reportera en Londres, el destino la ha llevado a presenciar acontecimientos inesperados.

Noviembre 1989
«Estaba viviendo en Londres trabajando para un noticiero inglés – tenía 28 años. Recién había comenzado a ser una reportera lo cual era lo máximo. Durante el verano comenzaron a suceder cosas en Europa del Este; empezaba a salir gente desde Hungría – eso fue lo primero que pasó, y que nadie recuerda – estaba cruzando gente para Austria, había una movida extraña. Los países soviéticos tenían todos los años la reunión del comité del partido, observábamos a todos los viejitos en sus trajes grises pero nadie sabía que pasaba… “Vamos a ver que hacen los de Alemania Oriental?” me dijeron.» 

“Algo raro pasa…”
«Lo sentíamos. Eran los momentos de Gorbachov con la Perestroika. Me enviaron a la que era la capital de Alemania, la ciudad de Bonn, un lugar muy terciario, no se esperaba nada. Pero esa noche, estamos escuchando y observando que estaban haciendo los alemanes en Berlín. Entonces salió un comunicado para la prensa. Literalmente: sale una persona y se dirige a los periodistas. Le preguntan qué van a hacer con Hungría y responde: “-Nada… Pero sí hemos decido que a partir de ahora, de las siete de la noche, están abiertos los pases”. 

Lo dijo como si nada!! Los periodistas no se daban cuenta de lo que pasó. Preguntaban: “¿cómo que están abiertos los pases?”.  En Berlín, no había solo “un muro”, era un muro seguido de 100 metros- una cuadra entera – que estaba minada, que tenía centinelas arriba apuntando y después había otro muro. No había forma de treparlo, estaba lleno de alambre, todo estaba minado. Eso lo veías del lado del Este, entonces para llegar al otro lado la única forma ingresar era en los “pases oficiales”, uno se llamaba Charlie, Check point Charlie, si miras en todas las películas de espías, ahí está el Check Point Charlie.

-¿Cómo que están abiertos los pases?– preguntaban 
-Los pases de Berlín están abiertos
-¿Pero la gente puede pasar por los check points sin que los chequeen?
– Sí
-¿Cualquiera…?
– Sí.

Y ahí es dónde empieza a caerles la ficha, si lo ves, la gente le sigue cuestionando! Porque en nuestra historia era… (N. R: Sonia busca con los ojos la imagen, se emociona y continúa…) 

Desde que yo había nacido, siempre había estado dividido comprendes? Se dividió en 1963. Entonces la explosión fue total, empieza la gente del Este a probar si los dejan pasar y efectivamente pueden pasar, están las ordenes, los dejan pasar sin chequear… 

A mi entonces me dicen: “Primero hablá con todos los políticos, el canciller! Todos! Conseguí la entrevista!”, “- Y ahora tenés que llegar a Berlín!”.  El tema en el periodismo es que hay que llegar, tratar de llegar, el mérito en el periodismo muchas veces es llegar. Llegue a Berlín a la mañana tempranísimo.»

Vamos a Check Point Charlie!
«Lo que me impactó fue que las calles estaban llenas, llenas de gente, era como… viste en las películas de zombies cuando aparecen todos caminando con los ojos perdidos, todos vestidos de gris? Y esa cara de ¿Cómo puede ser que estemos acá? 

Todo el mundo cruzando…hordas y también de esos autitos de plástico que les llamaban Trabants, más que rudimentarios. Autitos y gente caminando no entendiendo; había ocurrido lo inimaginable. … Realmente fue mi peor día profesional, era tan emocionante, cada vez que empezaba a hablar me largaba a llorar. Y fue pacífico. Y yo que 9 meses antes había estado allí, sabía que los hubieran matado casi sin mirar. 

La enseñanza que me dejó es que todas nuestras diferencias están en nuestra mente. Todo es posible, todo se soluciona pacíficamente, absolutamente todo… porque la división más grande con la que nos criamos cayó. Algo que nunca se iba a resolver y de repente se resolvió por la buena voluntad de líderes.»

Gracias Sonia!!

Cecilia Andrada
CONVIVIR

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