Vivir por fuera del cuerpo

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Algunas personas viven ausentes, como hipnotizadas, sin prestar atención a lo que les sucede. Deambulan como embotadas, la vida adormecida actúa como protección. Su cuerpo opera cual máquina funcional, por eso, encarnan el perfil de una desconocida o un desconocido para sí mismo. A veces, al comunicarse con el otro, hablan por hablar dejando las frases por la mitad para saltar de un tema a otro, hacen por hacer, como dándose cuerda a cada instante hasta que la energía se agota y el cuerpo da la voz con síntomas o un cansancio demoledor.
Quizá alguna vez has sentido todo esto, sin embargo, continuaste como hipnotizada, hipnotizado, por una inercia que no te permitió detenerte. Si así sucedió, es posible que hayas vivido por fuera de tu cuerpo. El desorden y el desconcierto invadieron y hasta, quizá, advertiste sensaciones panicosas que produjeron asfixia, taquicardia, mareos y otros síntomas desagradables como el andar en una nebulosa insoportable. Has perdido la capacidad de registrar tu cuerpo desde las sensaciones y esto sucedió por impedimentos de diversa índole: miedo, ansiedad, relatos dramáticos y otros factores que tomaron posesión de tu ser.
Sin embargo, aunque todo esto parezca preocupante, no lo es tanto, porque el solo hecho de tomar conciencia de este estado es la primera condición para superarlo. Luego viene el segundo paso: darte cuenta de que así no puedes seguir viviendo porque hay algo dentro de ti que no está bien. Desde aquí estas preparada, preparado para el siguiente paso: dejarte perder por un rato sin temor a la sorpresa, entregarte a la desorientación, atravesar laberintos, detenerte y decidir por nuevos horizontes. Esta actitud de mayor apertura va a dar espacio al poder de la aceptación. Un recurso que te conducirá a tomar conciencia del apego que tenías hacia esos factores que te frenaban el crecimiento. Solo identificarlo para dejarlo ir te brindará mayor claridad sobre aquello que entorpecía disfrutar de tu ser. En esa instancia estas más cerca del placer de habitarte.
Al aceptar, el cuerpo deja de resistirse y de luchar contra eso que condicionaba. Cuando abandonaste la pelea, pasas al estado de serenidad. Se acepta el malestar tal como es, sin magnificarlo, y, es ahí, donde el cuerpo comienza a habitarse más integralmente.
Te invito a ingresar en tu laberinto, desde aquí te doy la mano para acompañarte. Cierra los ojos, y busca en tu corazón la brújula, el mapa de tu ruta. Quédate admirando el paisaje que aparece, aunque la salida no se dibuje todavía. Al comenzar a transitarlo tal vez tengas la sensación de que no hay horizonte y que las huellas que vas dejando son vírgenes. No hay salida. Los pasos y los rastros se pierden, van y vuelven invisibles, abriendo senderos que se ramifican interminables. Esto desespera. Te pierdes y sobreviene el temor de no volver a encontrar la salida, o, al menos, hallarle un sentido a esa decisión que has tomado. Para aplacar la sensación de desorientación, te pido que respires hacia el pecho e intentes llenarlo de aire con la imagen de que algo se va abriendo, como si fuesen caminos de color claro. Quédate solo en eso, no le pongas palabras. Luego, cuando abras los ojos, déjate llevar por la reflexión-acción. Te propongo que alejes el temor a lo que es nuevo o a vivir lo que no se entiende. ¿Has advertido algún cambio en el cuerpo? ¿Cómo percibes ahora la respiración?¿Puedes describir la llegada de alguna emoción?
Lee la nota más de una vez y fijate si se produce algún cambio en vos…
Desde aquí continúo acompañándote paso a paso para que logres a tu tiempo habitar el cuerpo.

Alejandra Brener 

                        Lic. en Ciencias de la Educación

                       Terapeuta corporal – Bioenergetista

alejandrabrener@gmail.com

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