Trascender la “loca carrera”

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Finalizó el año, el rigor de la exigencia por gestionar balances de todo tipo, despojó, a mucha gente, de su descanso. Cada evaluación de objetivos, resultados realizados en diciembre o los pendientes que taladraron la cabeza, dejaron impronta en el cuerpo. La posibilidad de tomar cierta distancia de ese cierre, permitió a algunos o algunas tomar conciencia de que se habían convertido en seres excesivamente demandados, demandadas, y que actuaban como anestesiados. En ciertas circunstancias hasta advirtieron que eran como máquinas gestionando hasta invertir el último aliento de vitalidad. La vida convertida en una vorágine vertiginosa impactó su modo de estar en el mundo. Las tensiones fueron trepando por la musculatura hasta instalarse en las vértebras, cervicales, dorsales y lumbares despertando dolencias. La mente anduvo a una velocidad descomunal para encontrar resultados o soluciones. 

Se terminó el año. Algunas o algunos encontraron el alivio con la ayuda de analgésicos o ansiolíticos y otros tomándose tiempo para intentar respirar profundo todo el recorrido experimentado. En ciertos casos, aparecieron imágenes y sensaciones de la “loca carrera” y registraron el modo en que la cultura de lo material y lo inmediato impregnó la vida desde una manía por la velocidad. Quienes patinaron sobre los acontecimientos sin considerar su profundidad, vivieron con la mira en resolver lo inmediato, sobrevolaron sobre los acontecimientos y priorizaron la “loca carrera” con la exigencia de acopiar más y más cosas, más y más logros, con la mirada hacia adelante, sin pausa. La vorágine todo lo consumió y eso es lo que se valoró. Vivían pendiente de las metas, se fijaron objetivos y salieron corriendo detrás de ellos. Lo único que les preocupaba era llegar a ese lugar hipotético. En la lucha por dar con esos resultados, caminaron hacia adelante enfocando hacia un punto que, en verdad, era incierto. Otros, pudieron detenerse, vivieron con conciencia ciertos riesgos y lograron superar ansiedades. Por ejemplo, experimentaron el encanto de la lentitud. Su propósito fue advertir qué sucedía si se avanzaba sin apresuramiento ante la inexorable vida desenfrenada. Pudieron registrar que, una vida acelerada no les dejaba resquicio para respirar con atención y observaron el modo en que la vertiginosidad condicionó la auténtica percepción de la presencia. Ese espacio dio lugar a palpitar el ritmo veloz, aquel que la o le hacía experimentar una vida superficial sin darle el lugar y el tiempo necesario para ser vivida. 

Solo aconsejo estar atentas o atentos. Esta es una oportunidad para recapitular y continuar. El modo en que vamos respirando la vida se asocia a procesos de crecimiento, inmovilidad, pausa, aceleración o loca carrera, entre muchas más opciones. El devenir nos va llevando por ciclos a través de un vaivén de inspiraciones y exhalaciones que van delineando modos de atravesar el camino. A veces andamos sueltas, sueltos, respirando seguro por caminos llanos y, otras, por insoportables laberintos sin salida en los que advertimos ahogos que hasta pueden producir sensaciones de asfixia. Y así, durante estos tramos nos dejamos perder rodeados de vientos que desorientan hasta volver a respirar nuevos aires, esos que nos conducen a recuperar el sentido de nuestro andar. Para que se expanda la vida, todo aquello que nos ha estresado, afligido o molestado debe ser liberado, y, tanto los fines de año como los comienzos son momentos propicios para avanzar y generar nuevas alquimias que los superen y conduzcan hacia un mejor vivir. 

A continuar renaciendo…

Alejandra Brener 

Lic. en Ciencias de la Educación

Terapeuta corporal – Bioenergetista

alejandrabrener@gmail.com

/Alejandra Brener Bioenergética

@espacioatierra

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