La Carta Natal de Argentina (9/07/1816) a través de los ciclos Neptuno – Saturno y los procesos de los planetas Transpersonales
El destino nacional, el pueblo y sus raíces, y la forma de relacionarse con el mundo, junto a la búsqueda de justicia, revelan una nación marcada por la tensión emocional entre la identidad y la estructura. Una identidad emotiva, protectora, aferrada al pasado, nostálgica, con un fuerte sentido del “hogar, la tierra, la patria”. El pueblo argentino es resiliente, sobrio y laborioso, pero tiende a la melancolía y a buscar un orden jerárquico y autoritario. El Destino Nacional, o propósito del país, es destacarse en el mundo por su identidad y capacidad de ser una “madre nutricia”, lo que históricamente se manifestó al convertirse en “el granero del mundo” y en un “padre ejecutivo” liderando en artes, ciencias e industria (cuando se lo permiten).
El proceso histórico en sus seis ciclos de transformación:
- Ciclo de origen: La utopía de la libertad
(1810-1845, Virgo, Casa 11).
Este ciclo nace de la disolución del orden colonial y la cristalización de un nuevo ideal social: la Revolución de
Mayo. La lucha por la independencia se sostiene en ideales de libertad, pero la falta de estructura produce
un caos fundacional. El Ser Nacional nace con un idealismo caótico: se busca una organización, pero las luchas internas lo disuelven. - Ciclo de estructuración: La autoridad y la tierra
(1845-1881, Acuario, Casa 5).
La necesidad de cristalizar la autoridad sobre la utopía se expresa en la figura de Juan Manuel de Rosas. Rosas
unifica el territorio con métodos autoritarios, dando una identidad definida al proyecto nacional. La tierra y
el dinero son motores de transformación, con la ganadería como base económica. La identidad se forja en el
conflicto y el caudillismo, donde la obediencia prima sobre la libertad individual. - Ciclo de expansión: El progreso y la inmigración
(1881-1917, Tauro, Casa 8).
Se produce la integración total al mercado mundial y el país se convierte en el “granero del mundo”. El progreso científico y la organización modernizan el campo y el trabajo. Plutón en Géminis fomenta la educación masiva y la prensa. Nace una identidad cosmopolita que se siente más europea que latinoamericana: un orgullo basado en la riqueza material y la creencia en el progreso ilimitado. - Ciclo de crisis: La cuestión social y la democracia
(1917-1952, Cáncer, Casa 10).
Aquí se marca la crisis del destino nacional. El ideal de la Argentina próspera choca con la realidad social. Con
Yrigoyen comienza la democracia. La identidad nacional se polariza entre lo “viejo” y lo “nuevo”. Se transforma la noción de familia y patria. El pueblo se vuelve más emocional y político. El tango expresa esta melancolía y desilusión. - Ciclo de liderazgo: La justicia social y el mito
(1952-1989, Libra, Casa 1).
Se define la imagen del país ante el mundo. El peronismo crea un mito de justicia social y un estado de bienestar mediante reformas, industrialización, creación de empleo y especialización de la mano de obra. El poder se transforma a través del liderazgo carismático (Perón y Evita). El país se divide irreconciliablemente. El ideal del “líder salvador” se convierte en estructura de dependencia emocional. El ciclo termina con la disolución de la ley y el orden bajo las dictaduras. - Ciclo de colapso: La deuda y el neoliberalismo
(1989-2026, Capricornio, Casa 4).
Las raíces y el subsuelo de la patria entran en riesgo. Se disuelven las bases económicas y sociales de la nación.
El retorno a la democracia coincide con la hiperinflación y el colapso del Estado. El país se transforma en
un mercado de deuda. Las privatizaciones y la globalización reestructuran el país. Surge un profundo sentimiento de pérdida y desesperanza. Se desvanece el destino de “granero del mundo” y el liderazgo en ciencia y tecnología con el desguace de industrias y universidades. Se acentúa la crisis de identidad.
El Ser Nacional a partir de 2026-2032 (Aries, Casa 6)
Argentina entra en un ciclo donde estructura y utopía chocan. Surge una sensación de disolución de la identidad nacional: el ideal de nación podría ser desafiado y redefinido. Podría estallar una crisis en el sistema de
salud, un colapso en el empleo o un resurgimiento del poder militar. Se avizora una reestructuración del trabajo y de los servicios. Cambios drásticos transformarán el mercado laboral y los servicios públicos.
Nuevos liderazgos podrían irrumpir con figuras disruptivas en busca de una identidad renovada y una nueva
forma de actuar en el mundo. Esta conjunción puede marcar el inicio de un cambio radical, capaz de redefinir
por completo el rol de Argentina en el concierto global. La nación será forzada a dejar de depender de líderes
carismáticos y a encontrar su fuerza en la acción colectiva y descentralizada. La era del “granero del mundo” y
del “país europeo” cede lugar a una identidad más intelectual, mediática y polarizada, que obliga a forjar un
camino completamente nuevo antes de que sea tarde. El gran desafío será superar la confrontación que traerán la
falta de empleo y la crisis sanitaria como motores de cambio hacia una nueva identidad colectiva.
Nueva identidad nacional forjada en la acción Las crisis de identidad obligan a los países a redefinirse.
La transformación implicará disolver viejas castas y formas de poder. El descontento social y las redes tecnológicas serán motores de cambio político. Una revolución en la comunicación y el pensamiento acompañará este proceso: la explosión tecnológica en la información y las comunicaciones pondrá en el centro la batalla por la verdad y la desinformación. La cultura popular reflejará la dualidad y el caos de esta nueva era. El futuro de Argentina dependerá de su capacidad de reinventarse, dejando atrás los viejos espejismos y construyendo, desde la acción colectiva, una identidad que honre sus raíces y proyecte un nuevo destino en el mundo.
Por Ángel Conde, Astrólogo /iagconde1@gmail.com






