Elogiar a una persona para cultivar una autoestima saludable es una actitud amorosa que todos apoyamos para el buen vivir de quienes queremos. Sin embargo, cuando nos excedemos, puede ocurrir que le generemos a la persona una distorsión de la autoimagen. Los elogios magnificados producen alteraciones como, rasgos de superioridad, bajo umbral de tolerancia a la frustración o representaciones asociadas a dioses o diosas ubicados en altos pedestales. Esto va generando formas de estar y sentir que las o los van alejando de la naturaleza humana, es decir de la conexión con sentimientos genuinos o contacto con emociones espontáneas. Si esta tendencia se repite por años se desarrolla la creencia del “ser especial”, hecho que se convierte progresivamente en una máscara muy insalubre. Veamos por qué. Creerse especial representa un autoengaño que se fortalece mediante el mecanismo de retroalimentación entre quien halaga y quien es halagado. Se sustenta en un interés egoico, porque nace de una perspectiva competitiva: soy mejor que los demás. Recibir un halago no es una cuestión criticable, lo es cuando ese elogio se convierte en una búsqueda de aprobación. Esto sucede cuando lo que piensa, siente y hace el ser halagado, gira en torno a algún premio o reconocimiento externo que fortalece al “ser especial”. Existen instituciones, maquinarias comunicacionales, rasgos culturales, que estimulan la creación de “seres especiales” y lo hacen manipulando la búsqueda de la felicidad como un camino que se logra obteniendo la aprobación de los otros, compitiendo y logrando resultados “cueste lo que cueste”. La meta es el fin, sin importar los modos de obtenerlo. Una de las puntas para comenzar a desovillar estos mecanismos instalados socialmente es observar qué, cómo y por qué elijo determinadas cosas. Luego preguntarse ¿de todo lo elegido qué me hace personal? Este abordaje del halago excesivo nos permite valorizar un aspecto muy importante en materia de vínculos: la sinceridad. Observar, contemplarse, discernir es un modo de vivir sin el riesgo de mezclarse con los otros y así ser fiel a sí mismo o a sí misma. La naturaleza funciona desde la simpleza, lo auténtico, lo que es así sin adornos, ni exageraciones. Es, desde esta perspectiva que enfoco el abuso del halago.
LOS ELOGIOS ABUSIVOS: construir vínculos sinceros
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