La levedad del cuerpo y la mente

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 A veces advertimos profundas molestias en los hombros, en las vértebras cervicales, en los órganos o en otras partes del cuerpo donde se van manifestando pesadas cargas. En esos síntomas se instalan nudos, presiones, ataduras y padecimientos emocionales no resueltos. ¿Cuál es la razón de estos estados corporales? Probablemente sean muchas y complejas las causas, sin embargo, dentro de ese abanico, podemos hacer un recorte de algunos móviles, por ejemplo: tramas vinculares que crearon huellas emocionales densas, pautas culturales abrumadoras, vínculos presentes que actualizan dramas o toxicidades; y así, se van sumando, situaciones que generaron y generan estancamiento, cansancio, procrastinaciones, desidias, etc. 

Lo cierto es que, cuando aparecen estos síntomas, la masa corporal pesa, se endurece, se oprime la musculatura, se crean tensiones crónicas y baja la posibilidad de disfrute y plenitud. Dicho en otras palabras, si algo pesa, no se logra palpitar una vida armónica.

¿Cómo buscar entonces la liviandad? Pues orientando nuestra mente y cuerpo a estados de imperturbabilidad. Por ejemplo, evitar dramatizar los acontecimientos, ceñir los pensamientos a la dimensión del momento o, ante una dificultad, hacer lo que se puede, no incurrir en esfuerzos desmedidos, buscar la simplicidad en lo que consideramos complicado, prevenir los problemas antes que sucedan y no cargarlos. 

Lo denso es algo compacto, apretado, espeso, que contiene mucha masa con respecto a su volumen, es decir de mucho contenido o profundidad en poco espacio. Un cuerpo denso entonces, pesa. Por lo tanto la sugerencia es vaciarse, soltar. Cuando vivimos sin conciencia de aquello que consumimos, recibimos lo que ingresa sin discernimiento, por eso, corremos el riesgo de incorporar toxicidad, es decir materia muy densa. Con solo comenzar a observar este mecanismo, la toxicidad se soltará mediante mecanismos purificadores. Esto abarca aquello que asimilamos en términos de alimento material, imagen, palabra. La sugerencia sería, inspirar y evaluar lo que ingresa, exhalar lo que nos impacta de alguna manera y soltarlo con confianza.  

El cuerpo tiene límites físicos, su sustancia en material, pero también tiene algo que desafía los límites, que no es material, que carece de forma. Somos simultáneamente forma y no forma. 

Cuando evoco a la levedad, emana el universo de lo invisible, la lógica del vacío, las infinitas potencialidades de lo imprevisible, el misterio, los espacios sin límites. Creo que, en el núcleo de la levedad, habita una nada, como una esencia no advertida a simple vista y esa sutileza hace a la liviandad. 

El movimiento de la persona, el ritmo interno, el peso corporal (no me refiero al peso físico solamente) es como su firma o su huella digital. La gente es como se siente y se mueve, y dado que somos seres complejos, podemos encontramos con las combinaciones más variadas, como fluidez, liviandad, caos, pesadez, ligereza entre otras. La quietud conecta con esos rasgos, crea el espacio para ser capaces de reconocernos desde el peso que llevamos a cuestas y el registro del momento hace que el movimiento se vuelva interior, una sensación de plenitud vacía, de concentración, de presencia. Y quizá allí devenga la liviandad, ese estado que nos lleva a advertir la lentitud. Se palpita desde un ritmo sosegado que conduce a experimentar lo profundo, se le da lugar a lo que antes tapaba lo denso, lo pesado.

Me considero una buscadora de la liviandad y por eso me dedico a explorar todo lo que me da placer e intento experimentarlo.

Gracias “Convivir” por ser uno de los blancos de mi liviandad…. Feliz 30 años…. 

Agradecida por ser parte y por mucho tiempo más de vida en las manos de la gente que busca la liviandad.

Alejandra Brener 

Lic. en Ciencias de la Educación

Terapeuta corporal – Bioenergetista

alejandrabrener@gmail.com

/Alejandra Brener Bioenergética

@espacioatierra

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