Fiestas, duelos y pérdidas

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Las festividades están carga-

das de representación simbóli- ca en lo que respecta a lo religioso y lo espiritual. En el caso que de- terminada persona comulgue con estas ideas y se encuentre atrave- sando una perdida, como puede ser un proceso de duelo o separa- ción, ese dolor o vacío puede que se haga más presente.
Esto no significa que no lo vaya a poder atravesar; pero hay una mayor concientización en estos momentos de “la aparición” de esta perdida. Habría que pensar también, en cada caso particular, de qué ma- nera y en qué estadio se encuentra la persona en el “atravesamiento” de estas situaciones. Se puede decir que los duelos y las separaciones tienen distintas etapas.
Puede ser que el hecho haya acon- tecido recientemente y es muy dife- rente a otra situación ocurrida hace mucho tiempo. El modo en que esté parada esa persona en el momento en que llegan las fiestas es la mane- ra en que lo va a vivenciar. Si nos encontramos atravesando un duelo reciente puede que nos encontre- mos en el momento de la “negación, ira, negociación, depresión o de la aceptación”, por ejemplo, que son las etapas del duelo. Si este duelo ha sido cronológicamente muy dis- tante de las festividades presentes, uno podría decir que algo está pa- sando ahí, que no se puede resolver. Podríamos ir más lejos y pensar

que podría haber una “cronifica- ción” de ese duelo, que es justa- mente, la no aceptación de la pér- dida real de ese ser querido. Esto no se puede atravesar sin tristeza o pensar que porque vienen las fiestas uno está obligado a vivirlo de manera alegre, feliz… Sucede que quizás uno puede estar dividi- do: entre el deseo de vivir un mo- mento agradable, festivo y la tris- teza. La tristeza, como sentimien- to es inherente a la existencia y se hace más presente en los momen- tos de pérdida. Que me sienta tris- te esa noche en particular o que se me haga más presente o se me re-actualice la pérdida no significa que no pueda atravesar estas fies- tas, significa solamente que con la tristeza estoy dando cuenta de que acepto que ese ser ya no está presente conmigo físicamente, pero que sí, al evocarlo de alguna manera, lo presentifico. Quizás sería conveniente en aquellas per- sonas que tienen más dificultad de poder sostener esa tristeza o donde uno podría suponer que esa pérdida está cronificada que pueda acompañarse de otros seres queridos, no solamente la familia; quizás hay otros seres que uno va cosechando a lo largo de la vida, y con los cuales se va vin- culando, que también pueden ge- nerarle bienestar y satisfacción. Sería propiciador poder juntarse o acercase a esos afectos y transi- tar esas noches de esta manera, acompañándose

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