Desconcertados pululamos por nuestros lugares conocidos a veces haciendo el “paripé” de que todo está bien. Con orejeras se vive mejor – en algún lugar reflexionamos. Tristemente empujados por alguna fusta mirando el suelo, avanzamos. Pero “para qué me levanto a la mañana, me aprietan en el colectivo, me destratan, trabajo horas, si no me alcanza lo que gano y vivo con la incertidumbre de cuanto voy a pagar las expensas, la luz, el gas…”- me dijo Cata en la peluquería mientras se aprontaba a iniciar su tarea. “Cata, te invito un café como mimo, déjame!” “No Ceci…ya se me pasa y sigo”. Y así fue, al ratito Cata estaba alegre nuevamente, como es su naturaleza. Y yo con un nudo enorme en la garganta con todas las palabras que no tenia para decir.
Esta historia es tan conocida para todos nosotros que hace difícil escribir una palabra de esperanza, como este periódico acostumbra a ofrecer desde hace 31 años.
¿Será esta la prueba? ¿Seguir? No darle el gusto a esta “realidad” que hemos creado. ¿De quién es la culpa? ¿De las malas decisiones políticas, del sino cruel que se nos ha asignado vaya uno a saber por qué? ¿Es verdad que “todos somos responsables? Cómo convivir con un 99% de inflación?
Y sin embargo aquí seguimos, cantando al sol. Hasta que la vida diga: es tu tiempo. Porque si algo aprendimos como argentinos es a vivir a pesar de todo. A reír a pesar de todo, a compartir lo mucho o poco que tenemos; aunque se empeñen -los que siempre se empeñaron- en dividirnos, en agregar sal a las heridas para que nos duela todo, un poco más.Hoy me comí un chipacito sin TACC al sol de la plaza con Lucho (que es celíaco), el pasto estaba muy verde, unos muchachos de la obra compartían sándwiches, un oficinista fumaba un cigarette non sancto, un anciano copetudo tomaba mate junto con su cuidadora, un hombre sin hogar descansaba su vida en el banco de madera…todos abrigados por el mismo sol, el verde, la tibieza de este mayo todavía benevolente, en paz, iguales… “Ojalá me dure la sensación”- pensé, mientras lucho me indicaba que volviéramos a la oficina a terminar la edición de mayo… que rápido me vuelven las esperanzas.
Cecilia Andrada – Directora






