El Camino

Desde antes de nacer, nuestra primera naturaleza dibujó en las paredes de la mente y el cuerpo un apetito por ir en busca de ciertos rasgos, horizontes, elecciones, modos de mirar el mundo. Trazó también, con tinta indeleble una premonición cuyo cimiento está asentado en años de recorrido terrenal y álmico. Nuestro mágico y fascinante reto es develar esa especie de pergamino que lleva grabada nuestra ruta personal, como diría el Tao, nuestro camino. Pero… ¿cómo encontrar la dirección adecuada para cada una o cada uno de nosotros?  

A veces, en medio de nuestro andar, todo cambia y se ilumina. El pulso late diferente, con más fuerza. Detrás de los ojos emana una danza. El cuerpo parece despertarse, comenzamos a caminar con más naturalidad, como más sueltas, sueltos.  Nos deslizamos por la vida con soltura y liviandad. Esta puede ser una señal indicadora de que estamos en nuestro camino. 

Cada vez que percibamos una corriente tibia y placentera circulando por nuestro cuerpo, o una sensación de que la vida va por ahí, pues pausemos el andar. Activemos nuestra luz interior, esa que intenta alumbrar los trazos, las premoniciones esenciales. Esa savia purísima, personal, propia, que nos distingue de los demás, que evita mezclarnos con las expectativas de otros u otras, la que nutre la singularidad, la esencia. Cuanto más despiertos o despiertas caminemos, ese pergamino grabado, irá cobrando más nitidez, en caso contrario se dibujará una pátina brumosa que entorpecerá la visión del trazo y, como consecuencia, estaremos lejos de encontrar nuestra esencia, nuestra individualidad nuestra originalidad. Algunos o algunas la advierten, por momentos, como un plumazo de expansión, un aire que libera. Lo que puedo aportar es que doy fe de que llega si estamos dispuestos o dispuestas a encontrarla. Eso sí, requiere de paciencia, aceptación y desapego del ego y de los otros. Solo confiar. Todo sucede a su debido tiempo. La manifestación del camino no viene desde afuera sino desde adentro, lo creamos nosotros. Solo hace falta seguir el flujo natural, conectar con un devenir que no implica nada de esfuerzo. Si esto ocurre, quedaremos maravillados, maravilladas, de cómo todo llega sin que lo exijamos. 

Nacemos con la intención de ser íntegros, íntegras. Sin embargo, todo depende de nosotros para hacerlo cuerpo. Existen oportunidades que nos acercan o nos alejan de esa “completud”. Durante la infancia no tenemos control sobre esta capacidad de discernimiento, y es, por eso, que nos quedan tantas marcas internas que imponen elecciones no compatibles con esa esencia. Pero desde la adolescencia en adelante, la cosa cambia y se abren posibilidades de realizar transformaciones. Solo hace falta escucharse, no traicionarse, agudizar sentidos, quererse, cuidarse y animarse. Les invito a desmalezar viejos patrones y contratos para develar ese camino. Es una experiencia muy liberadora.

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Alejandra Brener
Alejandra Brener
Lic. en Ciencias de la Educación Terapeuta Corporal - Bioenergetista

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