Diagnósitico Morfológico y Constitucional

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Una mirada a la forma del cuerpo, a la columna vertebral, al estado de los dientes y al mantenimiento puede preceder todo interrogatorio de un médico homeópata.

El Carbónico es redondo, horizontal, más propenso a la asimilación material que a la intelectual. Lento, comedido, no tiene la réplica fácil; se encierra en sí mismo rápidamente. Es poco alborotador, “relajante” porque descansa demasiado lo que pronto aparece en la libreta de escolaridad. Impermeable a lo que es nuevo, rápido, sin lazos con lo real concreto, pone sus instintos al servicio de un ritmo mesurado, de una regularidad media de su esfuerzo. Sus dientes permanecen largo tiempo sanos, y una cierta hipotonía acompaña sus formas redondas o excesivas.

El Fosfórico despide calor, brilla, se entusiasma con la misma facilidad con que se aplaca. Es un longilíneo, atractivo por su vivacidad de espíritu, su entusiasmo, su curiosidad, su imaginación siempre “volando”, su ideal elevado. Pero su cansancio le vuelve inestable, frágil; rápidamente descorazonado, le cuesta terminar con lo que ha empezado. La exigencia afectiva del contacto es primordial: primero o último de la clase, se deja caer si el medio (el profesor) no le distingue o dinamiza mal sus posibilidades. Rápidamente fatigado, rápidamente en forma, le salva la “grandeza” del ideal, los intereses culturales y la búsqueda constante de originalidad. Odia la regularidad, los ritmos demasiado constantes, los aspectos concretos. Si se dirige hacia lo artístico, se debe a la riqueza de su subconsciente y a la importancia de sus ensoñaciones, de sus sueños despierto o dormido. Es el nervioso sensorial, longilíneo, hipersensible a los colores y a los estímulos exteriores. Su ciclotimia le expone a grandes debilidades. Sensible a un ideal elevado, también lo es a las drogas que le precipitan en una decadencia sin retorno. El Fosfórico tiene muchos problemas de columna e interminables trastornos dentales.

El Fluórico representa el triunfo de la inestabilidad en un siglo de inestabilidad. Los éxitos efímeros suceden a los estrepitosos fracasos.

Brillante en los asuntos que le apasionan, su comportamiento se ve por la necesidad de cambio, la inquietud, las experiencias rápidas y pronto olvidadas (experiencias sentimentales). Es el individuo de vivencias rápidas, con mucha memoria asociativa, que llama la atención en los grupos por su sociabilidad. No quiere saber nada de la lógica ni de las matemáticas abstractas; su inestabilidad revela importantes trastornos estáticos de la columna, escoliosis, posición erguida defectuosa, posición sentada siempre inestable, trastornos dentales que necesitarán constantes cuidados y llevar prótesis.

Roland Sananés

“Lenguaje del cuerpo y Homeopatía” 

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