Toda mi vida tuve perros, desde mis cinco años cuando llegó “La Chiquita” una pequeña mestiza blanca y negra que era tozuda, gruñona, jodida, pero parte de la familia. Me enseñó tantas cosas, que es probable que yo sea veterinario gracias a ella. Si me habrá mordido y a mis amigos (todos la recuerdan) y vivió 20 años y me vio recibido y la despedí llorando en mi primera eutanasia.
No me entra en la cabeza que no haya un perro en tu vida.
Vamos a ver porqué deben tener uno. Los perros conviven con los humanos desde hace más de 15 mil años, por lo que están perfectamente adaptados a esa relación. En el campo trabajan a la par del hombre en sus tareas, como compañero de caza, sirviendo como guardián del hogar. En las ciudades convive dentro del hogar y es parte de la familia.
Sirve como terapeuta. Cuando llegas del trabajo luego de un día complicado ¿Quién es el que te recibe con alegría? Moviendo la cola, saltando y lloriqueando de felicidad. Es el momento en que el cortisol (hormona del estrés) deja paso a la oxitocina (hormona de los buenos momentos) reforzando tu tan necesaria autoestima.
Es tu entrenador personal, obligándote a levantarte de la cama para ir de paseo. Mañana, tarde y noche sin importar el clima hay que sacarlo. Caminar con tu perro por la plaza no solo es una forma de meditación activa que te aleja del mundo digital, sino que además es un lubricante social. Vas a tener un montón de gente conocida que te saluda y conversa de cualquier cosa relacionado al mundo perruno. Serás el dueño de Grisel como los otros serán los dueños de Olivia, del Negro, de Carolina perdiendo tu propio nombre.
Entrarás en un mundo diferente. Si hay niños en la casa es un maestro de la responsabilidad, el horario de comida o de salidas serán sagrados y los chicos tendrán que hacerse cargo de ello, logrando una disciplina que difícilmente logremos nosotros.
Nuestro amigo de cuatro patas es un dictador en ese sentido y eso para la familia es muy bueno. Lo mismo el entrenamiento a que nos someten en cuanto a la comunicación no verbal. Sabremos de gestos, de actitudes, de sonidos diferentes, que nos indicarán una gran variedad de cosas.
¿Ustedes hablan con sus perros? Porque yo sí y muchos de mis clientes también. Por supuesto que con otro idioma. Pero entienden todo y nos hacen entender todo. Para el que nunca tuvo perro esto sonará disparatado, pero a ustedes que sí tienen uno, saben perfectamente de lo que hablo. Si tienes un cachorro sacará de ti lo mejor, aflorará “la paciencia”.
El ponerse en estado de buda tipo OM, el contar hasta cien para no reaccionar con violencia cuando veas el relleno de almohadones por todos lados, el papel higiénico por toda la cocina, el tacho de basura, los ladridos aturdidores. Pero te mira con esa carita de angelito y lo logra. Claro que lo logra.
Si vives solo o sola será una gran compañía. Llenará ese vacío tan nocivo. Para gente mayor es una maravilla. En los geriátricos debería haber siempre un perro o gato para convivir con el grupo.
En los países nórdicos donde hace mucho frío y el encender la calefacción es cuestión de vida o muerte. Se incita a los ancianos a tener un perro para que le enciendan la estufa para cuidarlos ya que se olvidarían de encenderla para ellos. Son un antídoto para la depresión. Puedo seguir escribiendo mucho más, pero creo que mi punto de vista y mi consejo está claro. Por último, diré que se ha comprobado que en las casas donde hay un perro, el microbiota de este, sus gérmenes ayudan a que toda esa familia tenga una mejor inmunidad y menor posibilidad de alergias. Será hasta la próxima con Salud y Alegría.
¿Debería tener un perro?
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