Arsénico en agua

Ocuparse para no preocuparse:

Desde el Grupo de Investigación en Enseñanza de las Ciencias (GIECIEN) de la Universidad Nacional de Quilmes desarrollamos, desde hace varios años, un abordaje sistemático de la problemática del arsénico en el agua. El arsénico, elemento químico con propiedades intermedias entre metales y no metales, constituye un contaminante de elevada toxicidad. Su presencia y efectos han sido documentados históricamente, incluso en debates sobre la muerte de Napoleón Bonaparte.
El informe elaborado en 2018 por la Red de Seguridad Alimentaria del CONICET evidenció la relevancia de esta problemática en Argentina y motivó el desarrollo de propuestas educativas orientadas a fortalecer la alfabetización científica de la población. Acompañamos estas acciones con mapeos preliminares mediante kits colorimétricos que permiten identificar rangos de concentración, aunque sin precisión analítica.
Es importante señalar que, de acuerdo con el Código Alimentario Argentino, el agua potable debe cumplir con un máximo de arsénico de 0,01 mg/l. Esto es lo que, en muchos mapas, suele aparecer con el color verde para indicar que la muestra tomada cumple con la normativa. El uso de ese color no es una generalidad, pero sí aparece en la mayoría de los mapas, incluso en aquellos que hemos publicado.
Las recientes publicaciones periodísticas sobre el tema reafirman la importancia de generar conocimiento riguroso y accesible. En este marco se inscriben los conversatorios Escuela Sin Arsénico, cuya tercera edición se realizará en 2026.
La presencia de arsénico responde principalmente a factores geológicos, especialmente a la presencia de sedimentos loéssicos (depósitos naturales de origen geológico) y a las características del relieve. No obstante, es necesario interpretar cuidadosamente los mapas disponibles y considerar si se basan en muestras aisladas o en monitoreos sistemáticos, a fin de evitar interpretaciones alarmistas.
La exposición prolongada conduce al desarrollo de Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE). Por ello, se recomienda recurrir a bibliografía científica actualizada y realizar análisis de agua domiciliaria en laboratorios certificados para adoptar medidas informadas.
Es relevante aclarar que prácticas como hervir el agua o agregar cloro no eliminan el arsénico, ya que se trata de un contaminante químico y no biológico. Ante cualquier duda, es imprescindible recurrir a profesionales y fundamentar las acciones en evidencia científica.
Por último, invitamos a todas las personas a buscar nuestros artículos y, sobre todo, a leer el libro Escuelas sin Arsénico para conocer más sobre la temática: https://updcyt.web.unq.edu.ar/wp-content/uploads/sites/192/2025/02/Libro-mas-Revista-AS-VF.pdf

Por Dr. Damián Alberto Lampert, Dra. Silvia Porro
Universidad Nacional de Quilmes, Departamento de Ciencia y Tecnología.
damian.lampert@unq.edu.ar
sporro@unq.edu.ar

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