CARNICOS Y ACTIVIDAD FISICA: “Necesito carne porque hago deporte”

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Esta muletilla aparece recurrente, como argumento de imposibilidad para adoptar una alimentación depurativa y vitalizante, frente a la exigencia de una actividad física considerable. Sin embargo hay cuestiones metabólicas que derriban uno de los mitos más arraigados entre los deportistas.

Desde el punto de vista fisiológico es simple rebatir y comprobar la falacia del concepto. A esta altura está claro que no necesitamos comer músculos (carne animal) para generar músculos. El cuerpo es un eficaz generador de estructuras proteicas a partir de ingredientes simples (aminoácidos libres), nutrientes de “combustión” limpia y estructura física ordenada y funcional.

Pese a que la limpieza corporal y el alimento fisiológico son la base de la eficiencia energética, metabólica y funcional, esto no es debidamente tomado en cuenta por la mayoría de los deportólogos, entrenadores y deportistas. Es una simple lógica físico/mecánica: cuanto mejor sea el combustible, más limpia sea su combustión y más afinada esté la puesta a punto, mayor será el rendimiento final.

En prácticas deportivas, la búsqueda de eficacia debería considerar todos los aspectos en cuestión, a fin de lograr, en términos “mecánicos” el menor rozamiento posible y la máxima prestación. A veces se invierte tiempo y millones en una indumentaria que permita ganar una centésima de segundo, y no se repara en la ineficiencia de un organismo tóxico y “ensuciado”.

Es común advertir deportistas consumiendo altas cantidades de alimentos refinados (ensuciantes) y no fisiológicos (inadecuada combustión). Para no hablar de los suplementos en base a proteína aislada de soja o las bebidas energizantes basadas en ingredientes sintéticos.

Y también están los nuevos gurúes del entrenamiento que centralizan todo en proporciones de macronutrientes, gramos y conteos calóricos, sin tomar en cuenta la calidad de los elementos utilizados, alegando que “proteínas son proteínas y carbohidratos son carbohidratos”. Para el organismo ¿será lo mismo la proteína de carne vacuna de feed-lot que aquella suministrada por nueces activadas?; aunque las tablas indiquen en este ejemplo, la misma cantidad de proteína por porción de alimento.

¿Será lo mismo para el cuerpo del atleta, degradar un tejido animal compuesto por estructuras proteicas cerradas (núcleo), coaguladas por la cocción y con sus enzimas proteolíticas destruidas por la temperatura; que asimilar aminoácidos libres de una semilla “viva”, acompañadas por sus cadenas enzimáticas activadas en el proceso de pre-germinado?

Más allá de las prestaciones, la consecuencia son atletas poco saludables, algo ilógico teniendo en cuenta que son personas jóvenes que realizan abundante actividad física. Sin embargo es común observar deportistas con pieles y rostros plenos de impurezas, futbolistas que no rinden en la segunda mitad del encuentro ó recurrentes lesiones tenísticas. Lo del “estrés” o la “elevada exigencia del profesionalismo actual” no son adecuadas excusas, ya que dichas condiciones rigen para todos por igual.

Pero claro, nunca rendirá lo mismo un organismo con un hígado sobrecargado de toxinas, cálculos intra-hepáticos y parásitos, resultado de una dieta en base a carne, lácteos, harina blanca, refinados y suplementos sintéticos; que otro con un hígado limpio, eficiente y de ordenado metabolismo, consecuencia de adecuadas prácticas depurativas y una alimentación integral y vitalizante. Aunque estén sometidos a la misma exigencia y coman las mismas calorías y los mismos gramos de proteínas.

Dejando de lado los argumentos, los ejemplos hablan por sí mismos. Tomemos el caso de la tenista Martina Navratilova, crudivegana desde 1993 y 9 veces ganadora de Wimbledon. Su testimonio es claro y contundente: “El vegetarianismo me ha equilibrado física y mentalmente. Me siento mejor como ser humano, me siento más flexible, no necesito dormir tanto y mi piel está mucho mejor”.

¿Otro ejemplo? Carl Lewis, uno de los atletas que han dominado la escena deportiva durante dos décadas, ganando nada menos que 17 medallas de oro. Ya era vegano cuando ganó el oro olímpico en 100 metros llanos. Aunque no modificó su alimentación hasta mitad de su carrera, él mismo reconoce que su mejor temporada en la competición fue el primer año en el cual se alimentó de forma vegana. Los mitos abundan.

Nestor Palmetti
“Nutrición Vitalizante”

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