Sociedad Obesogenica

Si no comemos por hambre...¿Por qué comemos?

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La sensación de hambre se relaciona con los niveles de glucosa en la sangre y/o de glucógeno en hígado, es fisiológica y comienza después de pasar varias horas sin comer.
El apetito se desencadena por las sensaciones organolépticas del alimento (olores, sabores, etc.) por la visión de los alimentos, por su presentación, etc.
El exceso de sabores grasos y dulces y la potenciación del sabor a través de saborizantes, edulcorantes y exaltadores del sabor como el GMN -glutamato monosódico, de origen químico: E 621- excitan a nuestro sistema nervioso impidiéndole activar las vías de saciedad a nivel del hipotálamo.

Entonces comemos más de lo que necesitaríamos… lo que no significa estar bien nutridos, ya que los químicos que contienen estos alimentos están desprovistos de nutrientes y no dan energía; así a lo largo del día nos “llenamos” con calorías vacías de nutrientes.
Y esto se suma a la gran difusión de avisos publicitarios que etiquetan a estos alimentos (mejor llamados “productos alimentarios”) como “ricos” y que no “engordan” y están al alcance de todas las personas.
Pero hay una respuesta optimista a todo esto, porque con los alimentos naturales, esta alteración no se produce.

La obesidad (Enfermedad Crónica No Transmisible) afecta al Sistema Inmunológico porque produce un estado de inflamación crónica.
Bajando el 10 % al 20% de peso se puede mejorar hasta un 50% los factores inflamatorios.
El cambio alimentario debe ser progresivo y sostenido en el tiempo. La búsqueda no es una nueva dieta, sino “una alimentación” para el resto de la vida que provea los nutrientes necesarios. Pero estos cambios de hábito no deben ser solo alimentarios, sino que incluyan actividad física: programada según edad y actividad física anterior; y técnicas de disminución del estrés: como yoga, meditación, etc.

Es muy importante incluir nuevas conductas:

-Organizar la ingesta de comidas a lo largo del día ayuda a descender la insulina (lipogénica).
-Masticar cada bocado, no tragar.
-No comer “mientras  tanto” hago otra cosa.
-Estar atento a lo que se ingiere (seleccionar los alimentos es una práctica muy valiosa aunque no tan valorada).
-Evitar comer enojado o cansado: es mejor comer una fruta en ese momento, mientras se descansa; o tratar de “desenojarse”.
-Evitar el consumo de líquidos en las comidas ya que diluye el jugo gástrico y no se puede hacer la digestión.

Dentro de las inclusiones alimentarias, debemos incorporar alimentos:

  • Ricos en AGPI (ácidos grasos poliinsaturados): semillas y aceites 1era. Presión:
    • forman membranas celulares y mitocondrias, no generan grasas de depósito;
    • son antinflamatorios
    • dan sensación de saciedad,
    • contienen vitamina E antioxidante de AGPI.
  • Ricos en vitaminas, minerales: y fibras:
    • verduras de hoja: que contienen vitaminas del grupo B, y vitamina C, si están crudas,
    • alliáceas: ajo, puerro, cebolla: contienen azufre,
    • hortalizas rojas y amarillas: con sus antioxidantes: carotenos, carotenoides; licopenos, flavonoides
    • brotes y germinados que aportan minerales, energía,• hongos y levaduras: champignon, pino, shiitake,
    • levadura de cerveza desecada: provee betaglucanos ainflamatorios, selenio,
    • algas: nori, kombu, agar-agar, fucus: yodo y fibras.
    • El huevo contribuye a la modulación del metabolismo: la clara contiene todos los aminoácidos esenciales, es de fácil digestión: cocinarla bien; y la yema contiene grasas que estimulan la saciedad, lecitina, vitaminas A, D y E; y minerales Fe, Mg, Cu, etc.

Una alimentación equilibrada que incluya a la actividad física programada previene enfermedades metabólicas e inmunológicas y mejora nuestra calidad de vida.

Dra.Elba Albertinazzi
Lic. Natalia Frattolillo
Docente del Curso de Alimentación Natural
frattolillo.n@gmail.com

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