El consumo habitual de panificados industriales y comida rápida ha sido asociado con un mayor riesgo de depresión. Un estudio de las universidades de Las Palmas de Gran Canaria y Navarra, publicado en Public Health Nutrition, siguió a casi 9.000 personas durante seis años y detectó que quienes consumían estos alimentos tenían un 51% más de riesgo de desarrollar depresión que quienes casi no los ingerían. Además, se observó una relación directa: cuanto mayor era el consumo, mayor el riesgo. Los participantes con dietas basadas en comida rápida tendían a ser menos activos y a sostener hábitos alimentarios de peor calidad. Aunque se requieren más investigaciones, los expertos advierten que limitar estos productos no sólo beneficia la salud física, sino también la mental. La evidencia sugiere que patrones alimentarios saludables, como la dieta mediterránea, podrían ejercer un efecto protector.






