»Nadie es, si prohíbe que otros sean»

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Descubrir que la felicidad puede vivirse, es una sensación que día a día intentamos transmitirle a nuestros hijos. ¿Sin embargo, nos hemos detenido a pensar si generamos oportunidades para esa búsqueda? Cada una de las experiencias que vivimos en el marco de la vida familiar nos deja una impronta, por eso es necesario revisar como impactan nuestras palabras, nuestras acciones en el cuerpo de nuestros seres queridos. Ser consciente del propio cuerpo y del cuerpo de los otros es uno de los principios de la bioenergética, porque sólo de esta manera se sabe quién es uno y quien es el otro. Conocer al otro es comprender lo que desea, lo que siente.
Pensemos, por unos instantes, si solemos situarnos en el lugar de nuestros hijos, padres, hermanos, o si los miramos desde nuestros deseos. La famosa frase “lo hago por tu bien” ¿cómo les suena?
Cuando nuestras acciones están influidas por el deseo del otro y no por nuestros propios sentimientos, no tienen mente propia. Y a veces eso sucede cuando se actúa para cumplir
con las expectativas de algún padre. Volvamos entonces a nuestra pregunta ¿nos hemos detenido a pensar si generamos oportunidades para la búsqueda de la felicidad en nuestros hijos?
Sólo algunas puntas para tirar de este ovillo que nos puede fortalecer a todos:
Convivir sobre la base de expectativas realistas. Aceptar a nuestros hijos con lo que eligen ser, sin pretender que se comporten del modo que nosotros queremos. Cada uno de nuestros hijos es diferente. Cuando torcemos sus horizontes estamos anulando la natural construcción de su identidad. La aceptación, es el primer principio para construir relaciones parentales sanas.
Generar espacios de comunicación afectuosa asumiendo este tiempo como valioso. Estar presentes, escuchar con todo el cuerpo aquello que nos comunican, no hacer “como si” mientras organizamos nuestra agenda laboral o de quehaceres domésticos. Una comunicación que no pretenda imponerse o convencer y que contenga no que adoctrine.
Ser flexibles. Los contextos históricos nos enfrentan con costumbres y visiones que no son las mismas que aprendimos durante nuestra infancia, adolescencia de modo que es necesario intentar aggiornarse a la realidad que rodea a nuestros hijos para comprender su búsqueda. Las relaciones evolucionan conforme a los contextos de convivencia. Las personas cambian según las realidades históricas, sociales, económicas y no podemos pretender que alguien se comporte o reaccione siempre del modo en que nosotros lo hicimos a su edad.
La felicidad es aquello que sentimos mientras tomamos conciencia de que vamos creciendo, démosle la oportunidad a nuestros hijos para que perciban ese proceso según sus genuinas aspiraciones, eso repercutirá también en nosotros que aprenderemos a ser padres desde ese mismo punto de vista.
Y como dice Paulo Freire “Nadie es si prohíbe que otros sean”

Alejandra Brener terapeuta Bioenergetista
espacioatierra@gmail.com

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