Las “Auto-traiciones”

Hay un aspecto de la vida mental-corporal que de algún modo reside y se ancla en lo visible, sin embargo, está constituido y traspasado por lo invisible y opera como un “puente” que lo expresa. Por eso, la mirada no es un simple abrir de ojos, sino un inquirir en las raíces de la cosa, la fuente, el centro y el origen, el lugar donde se inició la vida, los traumas y donde se proporcionó una fuente de vitalidad o de opresión. Si se hace consciente este proceso, se logra contemplar, detenerse en aquello que no se ve a simple vista; como si se quisiera conectar con la intimidad de lo observado o bucear sobre la divinidad de sus atributos y los misterios que esconde tras su forma.  La intimidad de lo observado va ligada a la intimidad del Ser.  Ese instante de observación se vuelve íntimo porque conecta con lo profundo de las sensaciones y /o sentimientos, lo que hace “corporal” la maravilla contemplativa.  El proceso de inhibición de las emociones o la reserva de los sentimientos condiciona momentos como los “contemplativos”, y en algunas personas se establecen a merced de una especie de pacto interno que los traiciona, porque evade la verdad de su Ser, la que emana de los sentimientos, la que está influida por la impronta de experiencias dolorosas. Por ejemplo, puede suceder que ante algún estímulo que sacuda emocionalmente, se congele la mirada, en ese instante de alto impacto quedó atrapada la ira o la tristeza, pero, a pesar de ello, la persona se sonríe. Lo más preocupante es que, quien evitó sentir esa emoción profunda, no sólo miente a los demás, sino que, fundamentalmente, se miente a sí mismo. Se guardan entonces experiencias de frustración, pena, la rabia, dependencia, ira y llanto que se transforman en inhibiciones de gritos, de límites, palabras, y muchas más expresiones que se acorazan por efecto de mecanismos de defensa o resistencia ante la posibilidad de movimiento emocional intenso. En esa instancia crece y se desarrolla el pensamiento maquinal, el gran creador de “auto-traiciones”, porque decide y determina qué sentir. Dicho en otras palabras, define los estados de ánimo y deseos. La fórmula sería “lo que se piensa, se siente”. Algunos pensamientos condicionan la posibilidad de expansión, de libertad. Lo cierto es que el cuerpo tiene la capacidad para recuperar los sentimientos genuinos, siempre que se consiga liberar aquello que se atrapa. Cuando el cuerpo se mecaniza porque sus movimientos están determinados y/o dominados por la mente lógica, la vitalidad corporal se circunscribe solo al campo de la razón, le falta una parte, las sensaciones, la intuición, las corazonadas, en síntesis, la dimensión afectiva y energética de lo experimentado. Entregarse a los sentimientos no representa una pérdida de control del ego, todo lo contrario, permite encontrarse con ellos para liberarlos y observar las limitaciones que llevaron a miedos y represión de deseos. Perder el temor a ser heridos o heridas es el camino de la evolución. Todo es fácil, solo créelo y sale sin ningún tipo de esfuerzo.   

Alejandra Brener
Alejandra Brener
Lic. en Ciencias de la Educación Terapeuta Corporal - Bioenergetista

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