Actualmente, muchas personas comenzaron a escuchar o viralizar la frase: “cuida tu microbiota” pero: ¿A qué nos referimos realmente cuando hablamos de microbiota?
La microbiota es el conjunto de bacterias y otros microorganismos que habitan en el cuerpo y se desarrollan junto a nosotros a lo largo de la vida. Aunque la mayor concentración se ubica en el intestino, tenemos microbiota en diversas partes del organismo, incluyendo la piel, la boca, las vías respiratorias y el tracto urogenital.
Al escuchar la palabra “bacterias” suele presentarse un escenario malo o perjudicial para la salud, sin embargo, no todas son dañinas. Muchas de ellas cumplen funciones fundamentales generando un beneficio para el organismo y su funcionamiento adecuado ya que participan en la digestión de alimentos para obtener vitaminas, minerales y otros nutrientes esenciales para el cuerpo.
Por otro lado, estos microorganismos también se benefician ya que se les proporciona un lugar donde vivir y mantenerse.
Para mantener este equilibrio, es importante cuidar la microbiota. Además de participar en el metabolismo digestivo y energético, fortalece las defensas y contribuye al bienestar general.
Por eso, la alimentación, los hábitos y el estilo de vida tienen un impacto directo sobre ella y al mismo tiempo, su estado puede influir en cómo nos sentimos, digerimos e incluso en las elecciones alimentarias. Las decisiones diarias cumplen un rol clave en el equilibro de la salud.
Para cuidar estas bacterias benéficas, existen dos pilares fundamentales: Los prebióticos y probióticos. Pero ¿Qué son los prebióticos? Son fibras presentes principalmente en alimentos de origen vegetal, que sirven de alimento para las bacterias beneficiosas y favorecen su crecimiento. En cambio, los probióticos se encuentran en los alimentos fermentados o en suplementos. Estos microorganismos vivos, como las bacterias o levaduras ayudan a mantener, incrementar y reforzar la microbiota. ¿Cómo incorporar esto en nuestro día a día? Mediante hábitos simples y alimentación variada.
Para incrementar el aporte de prebióticos basta con consumir una alimentación rica en frutas, verduras, cereales integrales, semillas y legumbres.
Los probióticos podemos encontrarlos en alimentos fermentados como el kéfir, chucrut, kimchi, miso, kombucha, productos lácteos y en formato de suplementos. Es importante señalar que, aunque existen probióticos generales que fortalecen la microbiota intestinal, también hay cepas específicas recomendadas para situaciones particulares por los beneficios concretos que ofrecen en cada caso. Por otro lado, tenemos el aceite de coco que posee ácido láurico que tendría propiedades antimicrobianas y antifúngicas en especial para combatir la Cándida Albicans.
En definitiva, cuidar nuestra microbiota no requiere de dietas extremas, sino de sumar aliados a nuestra rutina diaria. Entender que somos un sistema integral que es necesario nutrir con mejores decisiones alimentarias siendo el primer paso para fortalecer nuestra salud desde adentro hacia afuera. ¡Tú microbiota lo agradecerá!».
Por Abril del Olmo
Equipo de New Garden






